Paseando, ahora, por el Concilio Vaticano II: ¿contradicciones aparentes del cardenal Martini?

“Las montañas y la soledad son básicas para quien practica una vida repleta de oración”. Esto pensaba mientras me dirigía hacia el delicioso bosco sacro, para encontrarme con mi buen amigo Josep Maria Benítez-Riera, historiador de la cultura. También me rondaban por la cabeza un par de máximas de los benedictinos: “Trabajar es rezar” y especialmente ésta: “Reza y trabaja” ['Ora et labora'].

VGO.: Regresemos al Vaticano II. Has hablado del teólogo Hans Küng y de nuestro erudito Miquel Batllori, amigo tuyo. Los dos pensaban en un concilio, reflejo de una utopía de una nueva Iglesia; la querían tan nueva que el Vaticano II les había decepcionado. Te pregunto ¿el cardenal Martini pensaba como ellos?

JMBR.: Fue distinto. No era utópico, pero sí evangélico. Desde su juventud se entusiasmaba por los estudios bíblicos hasta que llegó a ser un escriturista de renombre. Sobresalió tanto como profesor, que llegó a ejercer un rectorado doble en Roma, en el Instituto Bíblico y en la Pontificia Universidad Gregoriana, cargos relevantes de persona de elevado prestigio académico y de gestión. Se comprende que fuera llamado para ser arzobispo de Milán, y posteriormente fuera designado cardenal por el papa Juan Pablo II.

VGO.: ¿Qué es lo que pretendía el cardenal Martini del Concilio?

JMBR.: Primero lo aceptó para poder aplicarlo correctamente. Él no había participado. Siendo ya arzobispo de Milán intensificó su discurso sobre cual era “su modelo” de Iglesia. La responsabilidad de dirigir la diócesis más grande de Italia, zona que vivía los denominados “años de plomo” (atentados, asesinatos, el terrorismo de las Brigadas Rojas…) pienso que le hizo descubrir una nueva dimensión pastoral-social y que se preocupó por la gente real, tanto la creyente como la que no lo era. Si me lo permites te puedo citar lo que me dijo hablando de la Iglesia…

VGO.: Ya lo sé. Nos dijo “mi modelo de Iglesia es la Jerusalén celestial […] preparada por Dios. Todo lo que intentamos hacer en la vida nos introduce […] en este Reino que ya ha comenzado en la persona de Jesús”, y así se lo publicamos en el libro '31 Jesuitas se confiesan'.

JMBR.: Cita exacta…., él pretendía una revitalización bíblica científico-teológica focalizada en conocer a Jesús mucho mejor, el Jesús real no uno mítico. Para ello era necesario seguir estudiando las fuentes escrituristas, aplicar la razón científica y evitar el racionalismo radical, para captar el significado total, fundamento de una fe madura.

VGO.: Perdona, pero fe y razón son difíciles de combinar.

JMBR.: No sólo difíciles de combinar. Se ha hablado mucho del conflicto entre la fe y la razón; incluso hay quien habla de incompatibilidad. Y sería así si únicamente partiéramos de los dos extremos. Dualismo extremo. Pienso que un racionalista radical, que tan solo se guie con la razón para alcanzar la certeza de lo que es verdadero, no “acepta” a nadie que diga que ha alcanzado la certeza de una verdad “de fe”. Que no era el caso del cardenal Martini.

VGO.: ¿Y cuál era su caso? No me dirás que estaba 'au-dessus de la mêlée'... ¿Más allá de la razón…? ¿Incurría en contradicción?

JMBR.: No. Él no se situó ni en un extremo ni en otro. Aceptó las dos, fe y razón, en aquello que tienen de “autonomía propia”. Porque había asimilado la analogía en la teología, que considera que la fe y la razón son compatibles, cuando el ser humano descubre y acepta la credibilidad razonable del objeto trascendente que fundamenta su fe.

VGO.: Tal vez nos hemos desviado. ¿Cuál es la situación actual de esta aparente contradicción: aplicación científica, la razón, para comprender unos textos que aceptamos como “revelados” y consideramos que nos enseñan “verdades”, que no podemos comprobar, y sin embargo decimos que son verdad porque tenemos fe?

JMBR.: Yo intentaba evidenciar la no-contradictoriedad de Martini, explicando su evolución desde la primera etapa académica, más racional, hasta la plena etapa pastoral , siendo ya arzobispo de Milán, cuando habla de su modelo de Iglesia. O, si se prefiere, desde cuando estudiaba para incorporar a la fe cristiana las aportaciones de los estudios bíblicos, fruto de métodos exegéticos histórico-críticos y filológico-literarios aplicados a la Biblia. Es decir, estudiar a fondo el Antiguo y el Nuevo Testamento, especialmente el Nuevo, recibido por la Revelación.

VGO.: La “Palabra de Dios” como siempre defiende la Iglesia. ¿No estaremos otra vez soñando una utopía mítica?

JMBR.: No, nada de mitos. Martini proponía una reinterpretación de esta “palabra”, basada en una exégesis y hermenéutica serias. Tal vez para insuflar una savia invisible y vivificadora, destilada a partir de toda “historia de la Salvación”, para revitalizar la fe del pueblo de Dios.

VGO.: Permanecemos estancados en la misma “reforma eclesial”, aparentemente contradictoria. O quizá poco convincente. Un Concilio elevado por encima de las nubes….

JMBR.: Amigo, ¿y si las nubes al descargar nos dejan un cielo lleno de Luz? ¡Tal vez todavía podríamos descubrir claros luminosos del Concilio…!

Como si se tratara de un hechizo, de repente, el 'bosco sacro', o más adecuadamente la imagen del 'bosco sacro' se congeló en forma de un sugestivo fotograma y quiso dar razón al aforismo de Lucrecio que reza así: “Las cosas son siempre todas iguales” ['Eadem sunt omnia semper', 3,945].

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