COMPAÑEROS DE VIAJE

El ángel de la Historia

RAFAEL ARGULLOL
RAFAEL ARGULLOL Escritor y profesor de humanidades en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona

en el memorial que se le ha dedicado en Portbou, lugar donde se suicidó en 1940, el mar parece ser el receptor de la memoria de Walter Benjamin. Es de los pocos monumentos públicos de gran belleza, el contrapunto consolador de una vida trágica como la de Benjamin. De él puede decirse que su influjo fue creciendo al mismo ritmo que su leyenda, convirtiéndolo en uno de los pensadores más leídos de la segunda mitad del siglo XX. No creo que su influencia haya disminuido porque lo leen, sobre todo, los que no quieren ser guiados por respuestas sino interrogados por preguntas: hay pocos escritores como Benjamin para escapar de los dogmas.

Paul Klee dibujó al ángel, el Angelus Novus, que Walter Benjamin en sus Tesis sobre filosofía de la Historia convirtió en custodio de una interpretación apocalíptica del devenir. No estoy seguro de que lo que Klee dibujó fuera lo que Benjamin vió en el dibujo. Sin embargo, este es el poder del arte: la relación paradójica que hay entre el artista y el espectador. A Benjamin le gustaba trabajar con paradojas y yo, como lector, también he tenido una relación paradójica con el filósofo alemán. Los desacuerdos han incrementado mi interés por su pensamiento, en especial en lo que se refiere a sus reflexiones estéticas, cuando niega, en mi opinión sin fundamento, la pervivencia del aura en el arte bajo el dictado tecnológico de nuestra época. 

Walter Benjamin escribió en muchas direcciones. La más fecunda, para mí, es su lúcida comprensión de las vicisitudes de la metrópolis contemporánea y del complejo significado de lo que llamamos modernidad. Lo hizo desde la poesía. De ahí que elegiría su Baudelaire como el texto más representativo de Benjamin. En él el poeta francés, erigido en interlocutor y profeta, inaugura la representación de la tragicomedia moderna. La que sigue representándose en nuestro escenario.

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