COMPAÑEROS DE VIAJE

El arte como visión

RAFAEL ARGULLOL
RAFAEL ARGULLOL Escritor y profesor de humanidades en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona

Algunos siguen sin considerarlo uno de los grandes poetas ingleses; algunos lo consideran el mayor “artista total” de la historia de Inglaterra. En cualquier caso es difícil que William Blake deje indiferente a nadie, ni en el presente ni en su propia época, en que fue calificado tanto de provocador como de profeta. Blake poseía atributos para ambas calificaciones. Política y socialmente fue un rebelde, un igualitario, un liberal admirador de las revoluciones francesa y americana. Además fue un adelantado en lo que hoy llamaríamos feminismo y ecologismo. Naturalmente esto le valió numerosos adversarios, si bien es cierto que contó con la adhesión de ilustres seguidores.

En lo fundamental fue un artista que trató de romper con las fronteras de los lenguajes artísticos en la dirección de una obra de arte total que popularizaría, poco después, Richard Wagner, con el que le unen no pocos vínculos. Sin embargo, si para Wagner la obra total era el producto de la alianza entre música y poesía, para Blake ésta debía aliarse con la pintura. Fue un pintor, y sobretodo grabador, de considerable talento, y muchas veces puso la poesía al servicio de la pintura como Wagner lo haría con respecto a la música. En Blake el poeta y el pintor van juntos y así surgen varias de sus obras maestras.

Es uno de los principales visionarios de la literatura occidental en la línea de Dante, Milton, y del menos conocido Swedenborg, su faro más inmediato. Buena parte de la evolución de Blake queda recogida en dos obras cronológicamente simétricas, Cantos de inocencia y Cantos de experiencia. Probablemente su mejor libro, una comunión perfecta del poeta y el pintor, sea El matrimonio del cielo y del infierno, deudor de las visiones expuestas antes por Swedenborg pero donde el escritor británico alcanza las más elevadas cimas. En este libro se dan cita todas las preocupaciones y aspiraciones de Blake, conformador de una religión peculiar, basada en un panteísmo cósmico y desarrollada a través de una mitología propia de una riqueza extraordinaria. Para William Blake todo lo que era concebible por la imaginación se convertía en realidad.