COMPAÑEROS DE VIAJE

Una escritura casi infinita

Johann Wolfgang Goethe es el "escritor europeo" por antonomasia

RAFAEL ARGULLOL
RAFAEL ARGULLOL Escriptor i professor d'humanitats a la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona

Apostaría sin ninguna duda a que es el escritor más completo de la época moderna. Poeta, ensayista, novelista, dramaturgo, explorador de todos los campos del saber, Johann Wolfgang Goethe es, además, el "escritor europeo" por antonomasia, nórdico por nacimiento, mediterráneo por pasión. Es difícil establecer la deuda que uno puede contraer con Goethe, tantas son las aportaciones que éste ha realizado al territorio de la cultura. En mi caso, considero al escritor alemán como poseedor de una escritura casi infinita a la que vuelvo una y otra vez como si fuera la primera. Sin embargo, por admirables que sean sus escritos, lo que más admiro en Goethe es una actitud espiritual que hace compatible lo profundo con lo sereno, lo particular con lo universal. En algún sentido difícil de describir, pero fruto de aquella actitud, la lectura de Goethe reafirma la vida.

Sería mejor no tener que elegir entre sus obras ni hacer competir al gran prosista con el gran poeta. Puestos a elegir lo obligatorio es quedarse con el Fausto, creación descomunal en la que Goethe intentó integrar el mundo moderno como Lucrecio había hecho con el mundo antiguo y Dante con el medieval. Fausto es una aventura literaria única que se cruzó con la existencia de su autor a lo largo de sesenta años. Goethe, amante de la idea de que la metamorfosis es el motor de la vida, se fue metamorfoseando al mismo ritmo que su personaje: más acelerado y maximalista al principio, más cauteloso y sabio posteriormente. Tal vez por esto Fausto, que ha pactado con el demonio para obtener el conocimiento y la sensualidad completas a cambio de su alma, acaba descubriendo que la auténtica sabiduría se manifiesta en términos menos egoístas y a través de una grandeza más humilde.

En esta obra calificada por él mismo como inconmensurable Goethe afronta uno de los retos más difíciles que un escritor se puede plantear: definir el momento en que un ser humano siente la plenitud. Mefistófeles podrá quedarse con el alma de Fausto cuando éste exclame "¡instante detente, eres tan hermoso!". Tras seis décadas de dudas Goethe, a los 81 años, cercano a la muerte, hará que su héroe, próximo también al ocaso, imagine la plenitud como la lucha constante del hombre por su emancipación: "sólo merece la vida y la libertad quien busca conquistarlas a diario".

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