Nos necesitamos unos a otros

Simplificar la realidad nos lleva a tener una visión maniquea del mundo. Los míos y los tuyos

En la prisión cada uno intenta encontrar sus espacios. En mi caso dedico mucho tiempo a la lectura y a responder las numerosas cartas que recibo, y que agradezco una vez más. A falta de redes sociales, son el medio a través del cual se nos llega el momento de desconcierto que vivimos. Un desconcierto que, no sólo es comprensible, sino que incluso lo entiendo como una oportunidad para darnos cuenta de que las cosas casi nunca son tan sencillas como quisiéramos.

Simplificar la realidad nos lleva a una visión maniquea del mundo. Esto o aquello. Los míos y los tuyos. Ellos o nosotros. Una lectura que sólo interesa a la mirada corta y excluyente de ambos lados. Hay quien vive muy bien cómodamente instalado en una trinchera. Y para justificar que está en ella necesita alimentar constantemente la trinchera enemiga dando por hecho que la sociedad está dividida en mitades. Pero eso no es verdad. La inmensa mayoría de la gente no vive en trincheras ideológicas, ni las desea. El momento que vivimos está caracterizado por la complejidad, por la diversidad de puntos de vista, por la contradicción constante y permanente, también en relación con las tácticas y las estrategias políticas. No hay ningún gran momento histórico en que esto no haya sido así.

El cambio de clima es evidente y necesario para situar el conflicto catalán en la vía de la política

Sin embargo preocupa que esta complejidad se transforme en constantes polémicas y luchas que nos ocupan el tiempo, nos consumen las fuerzas y no nos sirven para avanzar, sino que nos debilitan como movimiento democrático. La complejidad pide lo contrario: contener las inercias destructivas, abandonar la retórica confortable pero que se aleja de los hechos, tratar de pactar también las discrepancias, evitar las descalificaciones y no entrar en los debates estériles que se derivan.

Nos necesitamos unos a otros. Necesitamos debates sinceros y constructivos, contraposición legítima de ideas, conciencia de la realidad, más capacidad de integración y explicarnos mejor para seguir conectados con la mayoría social, para seguir ganando elecciones, para seguir acumulando apoyos y para ser capaces de afrontar los retos que tenemos con fortaleza, en la calle y en las instituciones. El cambio de clima es evidente y necesario para situar el conflicto catalán en la vía de la política. El independentismo es una pieza indispensable en esta nueva etapa, no podemos desperdiciar esta posición.

Las relaciones humanas son, por definición, imperfectas. A veces incluso ilógicas. Después de todo lo que hemos pasado, vivido y sufrido en lo últimos años es cierto que necesitamos un poco de tiempo para digerir. No me arrepiento de nada de lo que hemos hecho, lo asumo y extraigo un aprendizaje. No tengo ningún reproche, a nada ni a nadie. Acepto que hemos hecho mucho, que hemos llegado muy lejos, y al mismo tiempo que no es suficiente, por muchos motivos. No hay ninguna fórmula mágica ni habrá ningún milagro. Pero estoy seguro de que lo que nos hará conseguir el objetivo es la persistencia, la resiliencia, el respeto, la determinación, la dignidad, la valentía, un punto de inconsciencia y, sobre todo, la generosidad, hacia dentro y hacia fuera.  Tenemos que hablar y escuchar más. Sobra juzgar y falta empatía; sobra aleccionar y falta saber escuchar; sobra acusar e incluso insultar sin fundamento ni necesidad, y falta respeto por las opiniones diversas e incluso contrarias. Todos buscamos nuestro sitio. Es normal. Es humano. Es necesario. Lo que debemos tener claro, sin embargo, es que ninguno de nosotros es imprescindible, así como que este es un país demasiado pequeño y esta una causa demasiado grande para no necesitar a todo el mundo. Es la única manera de ser realmente útiles para los ciudadanos, y capaces de avanzar hacia soluciones de futuro.