¿Apología del franquismo?

El código penal no debería ser el arma arrojadiza de las batallas partidistas e ideológicas

Grupos de ultraderecha se manifiestan en Barcelona en la celebración de un 12 de octubre. MANOLO GARCIA

Las personas de mi edad, que vivimos con incipiente conciencia política la muerte de Franco en 1975, hemos sentido una irreprimible sacudida de alegría ante la propuesta del PSOE de castigar penalmente la “apología del franquismo”, pero quizás nos conviene reprimirla y preguntarnos si es una buena idea. Si algo hemos reprochado a la transición democrática es que nunca fuera lo bastante democrática y que nos haya traído hasta el año 2020 con algunos logros innegables, pero también con muchos retrocesos y limitaciones. En definitiva, contra el franquismo queríamos y queremos más y más democracia y más y más Estado de Derecho. Criminalizar hoy a sus defensores por la vía penal casi parece, como sugiere César Rendueles en un retruécano tuitero, la mejor apología del franquismo que cabe imaginar.

Los que hemos denunciado siempre el delito de “apología de terrorismo” en su formulación y en su interpretación, como una restricción a la libertad de expresión y una fuente de persecución laxa y arbitraria de cualquier opinión considerada “anti-sistema”, no deberíamos alegrarnos de esta “revancha legal” que, más allá de sus ambiguedades jurídicas, nos hace más vulnerables en el terreno donde más expuestos estamos. A estas alturas deberíamos saber que cualquier merma en la libertad de expresión será utilizada contra la izquierda (como ocurre ya con los resbaladizos “delitos de odio”) cuando un futuro gobierno de derechas quiera prohibir la “apología del comunismo” o la “apología del independentismo”. Incluso la izquierda más estalibana debería saber que en España es mucho más probable una “tiranía” contra ella que en su favor. El código penal, en todo caso, no debería ser el arma arrojadiza de las batallas partidistas e ideológicas.

Me parece que el PSOE pretende monopolizar de nuevo todo el espacio simbólico de la izquierda, y ello en torno a una “batalla ideológica” más peligrosa que útil

Como explicaba Íñigo Errejón en una entrevista reciente, un gobierno progresista debe aprovechar el tiempo que dure su gestión, inevitablemente limitado, para fraguar marcos materiales, discursivos y legales hegemónicos que la derecha luego no pueda -o no fácilmente- cuestionar sin dañar su propia legitimidad. A nadie se le ocurriría hacer campaña en Alemania citando a Hitler. A nadie se le ocurriría hacer campaña en Francia exaltando a Pétain. No estoy seguro de que la propuesta del PSOE se proponga realmente combatir el franquismo. Si eso es lo que quiere está cometiendo un error. Contra el franquismo se me ocurren medidas mucho más eficaces: sacar a nuestros muertos de las cunetas, mejorar o al menos aplicar la Ley de la Memoria Histórica, anular de una vez los juicios de Franco, despojar de sus medallas y procesar a Billy el Niño, derogar la llamada Ley Mordaza, remendar el desaguisado catalán, desjudicializar en general la política y, en términos de legitimidad discursiva, utilizar todos los medios al alcance para enseñar historia en las escuelas, los medios de comunicación y las facultades de Derecho, sin olvidar las academias militares y de policía, donde el discurso de Vox encuentra poca resistencia cultural. No se trata de penalizar legalmente “la apología del franquismo” sino de que a nadie se le pase por la cabeza defenderlo y de que, si a alguien se le ocurre, sea inmediatamente penalizado social y culturalmente. Mientras no se consiga eso, toda intervención penal será contraproducente; si se consigue eso, toda intervención penal será inútil.

Naturalmente el PSOE no haría esta propuesta hoy si no fuera por la irrupción de la ultraderecha en el Parlamento. Pero si lo que se quiere es frenar a Vox (y después de reprochar a Sánchez por última vez la irresponsable repetición electoral) le podemos sugerir asimismo algunas medidas mejores: tomarse en serio el informe sobre la pobreza del relator de la ONU, derogar la reforma del mercado laboral, proteger la sanidad y la educación y responder a las batallas culturales, en las que siempre se va a remolque, con pocos discursos y buenos presupuestos, buenas políticas de vivienda y buenas leyes sociales. Vox crece de momento contra la “dictadura progre” y lo “políticamente correcto”, es decir, contra los presuntos “dueños del discurso”, pero crecerá mucho más si el fracaso de las políticas sociales le permite además reciclarse en valedor de las clases populares contra los “dueños de la economía”.

Insisto, en todo caso, en que no estoy seguro de que esa propuesta esté dirigida contra el franquismo y contra Vox; ni siquiera de que vaya a llevar a ninguna parte. Me parece que el PSOE, a partir del restablecimiento polarizado del eje izquierda/derecha -fracaso del 15M y restauración compleja del régimen del 78- pretende asentar retóricamente ese eje monopolizando de nuevo todo el espacio simbólico de la izquierda, y ello en torno a una “batalla ideológica” más peligrosa que útil. El antifranquismo penal es indudablemente una “audacia” (contradictoria, por cierto, con el voto en contra de la desclasificación de la hoja de servicios de Billy el Niño): una audacia que genera mucho consenso “izquierdista” (y mucho alineamiento discursivo) y exonera quizás al gobierno, por eso mismo, de otras audacias en otras direcciones. En fin, una vez reprimida la alegría, la propuesta de tipificar como delito la “apología del franquismo” se me antoja dudosamente democrática, potencialmente peligrosa para los antifranquistas y políticamente más rentable para la derecha voxizada que para los que queremos combatirla.