Madrid tiene derecho a la autodeterminación

El peor enemigo de España es el nacionalismo español. Y de Madrid todavía más

Es un tópico, pero cierto en parte, que Madrid es una ciudad estado que se ha beneficiado del empeño centralista y radial del nacionalismo español, que históricamente lo ha apostado todo a una capital fuerte del Reino de España en detrimento de otras ciudades, principalmente Barcelona. La otra parte es que esto no habría sido suficiente si, además, la ciudadanía madrileña no hubiera demostrado un dinamismo y una vitalidad que han convertido su ciudad en un polo económico y cultural de primer orden. La mejor prueba de su fortaleza es que, de momento, resiste al paso de sus sucesivos políticos, que con raras excepciones forman parte destacada de las élites españolas más rancias y corrompidas.

Isabel Díaz Ayuso viene ahora a sumarse a esta nómina de dirigentes impresentables, como presidenta de una comunidad autónoma que sólo tiene sentido como fruto de dicho nacionalismo jacobino y que sufre la paradoja de ser, a la vez, centro neurálgico y sin embargo víctima del estado de las autonomías: con un déficit fiscal de los gordos, a Madrid sólo le sale a cuenta alimentar las autonomías por lo que le supone de acumulación de capital político, administrativo y simbólico. Sólo le sirve, en realidad, para ser gobernada por personajes siniestros, y por los espantosos secuaces que los rodean: Joaquín Leguina, Alberto Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes, Ángel Garrido y, ahora, Díaz Ayuso, en la compañía inefable de los socios de Ciudadanos y de Vox. La ciudadanía de Madrid, culturalmente despierta y económicamente productiva, merecería autodeterminarse y liberarse de los parásitos que la frenan, casi siempre en nombre de la unidad y el bien de España. El peor enemigo de España es el nacionalismo español. Y de Madrid, aún más.

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