El Mobile y el ángel exterminador

Vivimos en un mundo en el que hay mucho poder que está en manos de gente muy corta

La cancelación del Mobile World Congress (MWC) por miedo al coronavirus confirma una sospecha, y es que vivimos en un mundo en el que hay mucho poder que está en manos de gente muy corta. Aparte de otras cuestiones, lo cierto es que el congreso de los móviles, con todo el negocio que supone (cientos de millones de euros cada edición), se ha suspendido porque los directivos de un grupo de multinacionales han tenido miedo de contagiarse en Barcelona de una enfermedad que perfectamente pueden contraer en sus lugares de residencia o en cualquier otro lugar del mundo. Lo único que se han contagiado, unos a otros, es un pánico irracional que les ha llevado a tomar una decisión estúpida, en la medida que atenta directamente contra sus propios intereses. Los casos de coronavirus (que ahora dice la OMS que debemos llamar Covid-19) en España no se han detectado en Barcelona, sino en las islas Canarias y Baleares, y son muy contados, no son graves y están siendo correctamente atendidos. Por otra parte, la alerta de la misma OMS para el Covid-19 es global pero no incluye ninguna recomendación sobre limitar la circulación de personas en ningún país europeo, sencillamente porque no hay ninguna razón para hacerlo, desde el punto de vista médico. Como dice el doctor Antoni Trilla, jefe de epidemiología del Clínico de Barcelona, "el miedo ha ganado a la ciencia", en este caso. También -aunque en esta columna siempre lamentaremos tener que dar la razón a un hotelero- acierta Jordi Mestre, presidente del Gremio de Hoteles de Barcelona, cuando señala que es incomprensible que en los mismos días se suspenda el MWC en Barcelona mientras se celebran con toda normalidad otras ferias internacionales en otras ciudades europeas, como el ISE (de sistemas integrados) en Amsterdam, o el Salón del Automóvil en Ginebra.

Que los grandes cabecillas del capitalismo salvaje (como lo son las multinacionales del móvil y de las tecnologías de comunicación avanzadas) renuncien por propia voluntad a un negocio excelente sólo porque se ha extendido el miedo entre ellos parece el argumento de una parodia. Concretamente recuerda a El ángel exterminador, el filme clásico de Luis Buñuel en el que un grupo de burgueses no conseguía salir de una casa, después de una fiesta, sencillamente porque el miedo les impedía hacerlo. Nada les privaba de salir, pero no se atrevían, y llegaban al extremo de improvisar una especie de campamento en la casa y quedarse indefinidamente allí, por el miedo que sentían (y que se contagiaban unos a otros) de dejarla. La película es susceptible a lecturas de clase social, pero sobre todo es una magnífica representación de este miedo paralizante que es capaz de dominar tanto a los individuos como a las comunidades. El tipo de miedo que puede arruinar negocios, romper relaciones de amistad o de pareja, o llevar a sociedades enteras al enfrentamiento. El incendio de miedo que tanto puede empezar con la chispa de un virus como con la de la difamación de los que son diferentes, y que es el camino más rápido hacia el encogimiento y la retracción (como ha sido el caso del MWC ) o hacia la culpabilización de los demás, como sucede con el fascismo.