Semen en las tostadas

"Es universalmente conocido que la mesa de los niños tiene dimensiones ridículamente pequeñas"

Habíamos ido de vacaciones al camping con mis tíos y primos. Como cada mañana, por un problema de espacio, desayunábamos separados: la mesa de los mayores y la mesa de los niños. Es universalmente conocido que la mesa de los niños se caracteriza por sus dimensiones ridículamente pequeñas, la inestabilidad, la debilidad evidente y el arqueamiento de la superficie, de manera que ningún plato ni ningún vaso reposa tranquilo. Pero suele estar llena de pastelería, chocolate y bebidas azucaradas, por lo que una cosa compensa la otra.

Mi primo cogió un paquete de tostadas para untarlo de Nocilla. En casa la costumbre es poner tres capas: la primera para asentar la base; la segunda para dar sabor y la tercera para dar textura. Sin miedo a la grasa. Menos de tres capas es de cobardes.

Pero no pudo iniciar el ritual de la Nocilla. En vez de eso mi primo puso cara de asco. "¡Puagh! ¿Qué es esto? "Y señaló unos pequeños puntos blancos que había por toda la tostada. "¡Qué ascooooo! ¡Son gusanos! ¡Está podrida, está podrida!", Gritábamos los niños. Mi tía se acercó, miró la tostada y afirmó categóricamente: "Tranquilos, esto es el semen".

Silencio absoluto. "Camila, ¿qué dices ...?", La interpeló mi tío sin dar crédito a lo que decía. "No hay semen en las tostadas". Y entonces mi tía corrigió la respuesta: "Ay, ¡semen no! ¡Sésamo! ¡Son semillas de sésamo!". Y todos los adultos se echaron a reír ante ese lapsus. Los pequeños seguíamos en silencio, sin entender qué había pasado.

"¿Pero qué es el semen?", Íbamos preguntando. Y los adultos se reían y se reían. Aquel día no nos lo contaron. Lo entiendo. Si ya tiene suficiente lagunas la historia de que los niños vienen de París, no quiero ni imaginar cómo debe costar explicar que los niños, en realidad, vienen de las tostadas.

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