Mauthausen

Me parece injusto que se acuse al Govern de haber profanado la memoria de Mauthausen

Hace dos años, el consejero de Exteriores del Govern, Raül Romeva, descubrió una placa en Mauthausen que dice “Todo el dolor de un pueblo. En memoria de todas las personas deportadas a los campos nazis”, en catalán, castellano, alemán y hebreo. Este año, en el momento de renovar la memoria, la representante de las instituciones catalanas recordó —sin compararlo con nada ni con nadie— que el consejero que había inaugurado este memorial no podía estar presente porque está en prisión. Y está en prisión por motivos políticos, por actuaciones pacíficas llevadas a cabo como cargo público electo. Por lo tanto, es un preso político. Esta mención, que recogía una opinión libre y legítima, se ve que hizo enfadar a la ministra española del ramo, que abandonó el acto en el que estaba de espectadora para ir a hacer la ofrenda a la placa en la que, solo en español y alemán, dice “España a sus hijos caídos en Mauthausen”. El mismo derecho tenía una a decirlo como la otra a irse ofendida, en uso de su libertad. Lo que me parece injusto es que por esto se acuse al Govern de haber profanado la memoria de Mauthausen. Y que los que tienen una placa dedicada a todas las víctimas sean acusados de excluyentes y de apropiarse de los muertos por aquellos que tienen una placa dedicada solo a las suyas.

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