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Cómo lidiar con 'trolls'

Al principio me indignaba, me sentía frustrada e incomprendida, pero ahora he desistido

No me cansaré de decirlo: las redes sociales se han convertido en una lucha constante por ver quién lleva la razón. Adoramos con fervor a aquellos que consideramos aptos para la participación pública y señalamos con odio y enajenación a los que merecen ser llevados a la picota. Hemos conseguido constreñir nuestro humor en 140 caracteres, en una una suerte de discusión camuflada con piel de cordero que da rienda suelta a la bestia entre las bestias. Ese ser que se oculta en los rincones más profundos de internet para conseguir que cualquier conversación constructiva se convierta en una lucha primitiva por ver quién la tiene más grande. Su estado natural es el anonimato, navega entre nombres de perfil falsos y siempre conseguirá mencionar alguna cita de Hegel mientras usa palabras cuyo significado no comprende totalmente. Demagogia. Deconstrucción. Neoliberalismo. Sí, señores y señoras, hablo del trollis internetilis. Los trolls de internet. Como personaje público con presencia en las redes sociales y una buena ración de polémica servida a la orden del día, me pregunto bastante a menudo: ¿cómo lidiar con la presión de la masa? ¿Cómo recibir constantemente comentarios hirientes y salir indemne? Al principio me indignaba. Me sentía frustrada. Incomprendida por personas que juzgaban mi vida y mis decisiones sin conocer ni siquiera una mínima parte de la historia. Contestaba en hilos interminables de tweets donde daba explicaciones. Colgaba fotos en Instagram explicando mi versión de los hechos. Y las polémicas continuaban, y al otro lado de la pantalla los trolls usaban mis palabras, retorcidas y sacadas, de contexto para alimentar sus argumentaciones. Pero desde hace unos meses, he desistido. He invertido tanto tiempo luchando contra este fenómeno, que la resiliencia ha dado paso a una fortaleza que me viene de dentro, de lo más profundo de la tripa. He renunciado a las opiniones ajenas y en esa decisión he encontrado la verdadera victoria. No hay que contestar. No hay siquiera que leer. Cuando saquéis una polémica, yo la usaré para sacar una camiseta.

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