Vivir con menos

Tal vez ese sea el verdadero secreto: no esperar nada. Que todo se convierta en un extra

Hace año y medio me mudé a mi furgoneta. Quería aprender a vivir con lo mínimo posible, así que vendí mis muebles y una gran parte de mis cosas y me instalé en una GMC Safari del 99.

Este estilo de vida está romantizado. Chicas con sombreros de ala ancha tumbadas en camas con vistas al mar, posando casuales en sus fotos de Instagram mientras abrazan a algún perro de pelaje mullido y super bonito. Como un Golden Retriever. Cómodas, viviendo la vida bohemia. 

Mi realidad es mucho menos glamurosa. Lavar los platos es un auténtico problema, buscar duchas públicas se convierte en un suplicio y encontrar plazas de aparcamiento seguras es una labor diaria e interminable.

Cuando tus expectativas ante la vida son bajas, cualquier minucia es una razón para ser extremadamente feliz

También hay partes buenas. La libertad que me da no tener cadenas. Saber que cada día puedo dormir donde yo elija. Ahorrar. Pero, con diferencia, la lección más importante que estoy sacando de toda esta experiencia es entender que la forma más fácil de encontrar la felicidad es aprender a bajar tus expectativas.

En el mundo occidental estamos acostumbrados a encontrar ciertas comodidades en nuestro día a día. Damos por hecho que cuando abrimos el grifo habrá agua, que tendremos un colchón para dormir y un lugar seguro que nos protegerá de las inclemencias del tiempo. No gastamos ni medio segundo de nuestro día pensando en lo increíblemente afortunados que somos de tener todos estos lujos al alcance de la mano.

Vivir con menos me ha enseñado a pedirle muy poco a la vida. Si quiero ducharme, espero poder encontrar agua. Esa es mi única necesidad. Cuando localizo unas duchas públicas, ¡soy tan feliz! Si además tienen puerta, no quepo en mí de la alegría. Y si el agua está caliente, me siento extremadamente afortunada.

Cuando tus expectativas ante la vida son bajas, cualquier minucia es una razón para ser extremadamente feliz. Tal vez ese sea el verdadero secreto: no esperar nada. Que todo se convierta en un extra. Aún sigo pensando sobre ello.

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