El año de la confrontación

'El año de la confrontación', por Carme Colomina

SILENCIOS. Quizás el 2020 quedará en nuestra memoria como el año en el que paró el mundo. Un largo paréntesis de reclusión e incertidumbre. Pero el año del confinamiento fue también el del arraigo de la protesta. Un momento de resistencia y de confrontación que nos permite intuir el coste social de la pospandemia y los retos sistémicos de este 2021.

El frenazo en seco del febrero y el marzo pasados impuso un nuevo ritmo a un mundo asustado. Una nueva vulnerabilidad había irrumpido con fuerza y lo eclipsaba todo. El malestar en Argelia, Chile, el Líbano, Sudán o Hong Kong quedaba temporalmente silenciado. El miedo al contagio ofrecía una nueva excusa para la represión y el control social, y no solo en países donde no se empeñan mucho en argumentar la limitación de derechos. La crisis sanitaria, económica y política de la pandemia golpea un mundo que ya era convulso antes del virus y que no renuncia a reclamar cambios.

PROTESTA. El silencio de las calles es solo un espejismo. El mundo está en plena convulsión. El año del confinamiento ha sido también el año de la movilización, de las protestas contra la corrupción, contra fraudes electorales, contra la violencia policial o las desigualdades económicas. La lista es larga y da la vuelta al mundo. En Bielorrusia la capacidad represora de Aleksandr Lukaixenko ha chocado con la determinación y la fuerza de un movimiento en favor de la democracia que continúa presente en la calle a pesar de los centenares de detenciones y las denuncias de tortura. Las protestas contra la corrupción han seguido en Bulgaria, el Kirguistán o Venezuela. Hay protestas políticas en Perú o en Sudán. Y contra la brutalidad policial en Francia y en los Estados Unidos -con el regreso del Black Lives Matter en las calles en plena pandemia en un país que ya llega a los 350.000 muertos por coronavirus-. Y también en Nigeria, donde incluso después de conseguir el desmantelamiento de una violenta y corrupta unidad policial conocida como SARS, el movimiento sigue activo y exigiendo cambios de gobierno. No están todos. També ha habido movilizaciones espectaculares en Chile o Argentina. Y quedan todavía todas las protestas contra las medidas impuestas por la pandemia en más de 25 países diferentes. Entre ellos, Reino Unido, Alemania, Italia, Serbia, Rusia, Israel, Bolivia o Uganda. En Malawi, los vendedores ambulantes se movilizaron contra unas medidas de confinamiento que los llevaban a la ruina económica.

CAMBIOS. También el exceso regulador y represor que han exhibido algunos gobiernos durante tantos meses tendrá que tener las horas contadas.

El Carnegie Center, que se ha dedicado a hacer un seguimiento de todo este malestar global, ha cuantificado que solo en el mes de noviembre hubo una protesta multitudinaria cada tres días contra algún gobierno del mundo. En junio las protestas registradas doblaban las que hubo el mismo mes de 2019. Treinta gobiernos o líderes políticos han perdido el poder en los últimos meses a consecuencia de estos movimientos.

Este 2021 tiene que ser el año de la superación de las urgencias. El momento de empezar a trazar la salida de la devastación social y económica que deja el coronavirus. Pero el malestar y la confrontación de los últimos meses también han dejado todo un capital de gente movilizada e implicada políticamente que reclama cambios a unos sistemas políticos corruptos, represivos o ineficaces. Con el desconfinamiento volveremos a oír hablar de Argelia, del Líbano, de nuevos focos de tensión y de nuevas ganas de cambios. El 2021 solo puede ser un año de transformaciones.