1/1: El año del indulto

El indulto no es la solución, pero sería una bomba. Si llega.

Puede ser que este año que empieza sea el año del indulto de los presos políticos catalanes. Si lo acabara siendo –no es nada seguro–, sería una bomba en la política española y en la catalana. En la española, porque se daría una confrontación durísima con el indulto como razón o como excusa –están confrontados por muchas otras cosas– entre la oposición de derecha y la izquierda gobernante. Mientras una lo presentaría como una traición, porque quiere que la humillación y la venganza no tengan ninguna falla, otra lo presentaría como un signo de distensión que ayudaría en la práctica a desactivar el independentismo. Y el indulto sería también una bomba en la política catalana –marcada por las próximas elecciones–, donde, con los presos en la calle, entrarían todavía más en colisión dos concepciones dentro del soberanismo: la que da por vencido aquello que denominamos el Procés y cree que lo que hace falta ahora es gestionar lo mejor que se pueda el día a día para volverlo a intentar cuando se tenga más fuerza; y la que cree que el Procés no está liquidado ni derrotado y que sería útil mantenerlo abierto con el máximo grado de confrontación posible. El indulto no es la solución, pero sería una bomba. Si llega. Y si llega, ¿qué pasará con el resto de los represaliados presentes y futuros no indultados?