¿La clave para aprovechar los fondos europeos?

Finalmente se han activado los fondos europeos del Next Generation UE. Una buena noticia, no solo para Europa, puesto que por primera vez la Comisión Europea emitirá deuda conjunta, sino por la oportunidad que nos brinda de financiar cambios pendientes en nuestra economía, desde mucho antes de la llegada del covid. España podría tener acceso a 140.000 millones de euros, una cantidad que triplica la del último periodo, y que tiene que formar el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia. La duda es si seremos capaces de gastarlos y, sobre todo, si llegarán a aquellos sectores que tienen una capacidad real de cambiar nuestro modelo.

Ahora toca, hasta finales de abril, que los países miembros definan las reformas e inversiones que tienen que llevar a cabo, y diseñen las acciones necesarias. Poco menos de medio año para construir un plan que no solo dé respuesta al brutal impacto de la crisis del covid, sino que nos permita modernizar la economía, fortalecer el sistema productivo y mejorar las oportunidades de muchas personas y empresas. No se trata de un cheque en blanco. El objetivo no es solo convencer a la Comisión de que nos dé estos fondos, sino también garantizar que se puedan destinar a proyectos estratégicos y sean ejecutables de manera eficiente. Y para ello hay que seguir las prioridades que nos marca Europa. Tanto para Cataluña como para España la transformación digital y la transición verde son aspectos clave que pueden ayudar a reducir desequilibrios y generar ocupación de calidad en el largo plazo, y son las dos líneas transversales para todos los planes nacionales. Pero más allá de la digitalización y la sostenibilidad, la Comisión pide específicamente para España aumentar la eficiencia de los servicios sociales y las políticas activas de ocupación, mejorar los resultados educativos e implantar políticas de apoyo a la búsqueda y la innovación, entre otros.

Por lo tanto, para conseguir los fondos hay que diseñar e implementar reformas de gran importancia. Y esto afecta también al tamaño de los proyectos. Para gastar 140.000 millones, y conseguir un cambio real de nuestro sistema productivo, hay que pensar a gran escala. Del mismo modo que en los 80 los fondos estructurales permitieron modernizar la economía, ahora tenemos una oportunidad que no nos perdonaremos dejar escapar. Pero es más sencillo gastar mucho dinero en grandes infraestructuras, como hicimos hace treinta años, que en lo que necesitamos ahora.

El reto no es solo encontrar grandes proyectos para que sean financiados por ayudas directas o préstamos europeos. Se trata también de encontrar los mecanismos para que las autonomías, los entes locales, el mundo empresarial y la sociedad civil puedan proponer ideas para presentar a los fondos. Ya no habrá un tramo autonómico, sino que son los diferentes ministerios los encargados de redactar los planes, coordinados directamente por presidencia. Pero es necesario el conocimiento de lo que hace falta de los que están más cerca del problema. Y por eso hay que sumar esfuerzos entre todos los que acabarán gestionando este dinero. No podemos olvidar que los fondos europeos se incluirán en los presupuestos del Estado y se repartirán a través de convocatorias, convenios y subvenciones. El éxito de esta convocatoria dependerá del compromiso que se consiga de las administraciones autonómicas y locales, el tejido empresarial y de todos los grupos parlamentarios, de todos aquellos que participarán en la gestión de los fondos.

La lista de retos no acaba aquí. Y creo que hay uno al cual no prestamos suficiente atención. Es la capacidad técnica y administrativa para diseñar, implementar, conseguir y evaluar los objetivos programas. Si no se mejora, perderemos la posibilidad de usar buena parte de estos fondos. Una muestra de esta falta de capacidades técnicas y administrativas es la baja ejecución histórica tanto de España como de Cataluña de los fondos europeos. Por ejemplo, a lo largo del último programa, del 2014 al 2020, solo se ha ejecutado alrededor de un tercio del total del dinero asignado. Ahora, con una cuantía muy superior, las dificultades aumentan.

A lo largo de los próximos cuatro años la cantidad de fondos europeos que puede llegar a nuestra economía es inmensa. Pero no nos ha tocado la lotería. Llevará mucho trabajo y un grado de organización para el cual hoy no estamos preparados. Pero a la vez tenemos una oportunidad única para llevar a cabo cambios que ya hace demasiado que son necesarios. Ahora mismo el objetivo no tienen que ser el dinero, sino la estrategia en el largo plazo y las capacidades para llevarla a cabo. Pensar en una salida de la crisis y la modernización de una economía que dé oportunidades y trabajos de calidad a la siguiente generación.

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