El 'pijo' catalanista

Son como los no catalanistas, con la diferencia de que saben jugar a hockey 

Los pijos catalanistas presentan las mismas características que los pijos no catalanistas, con la única diferencia que saben jugar a hockey. Hay pijos catalanistas que, además, tienen un pariente que ha sido abad de Montserrat. O presidente del Barça. O director de TV3 (una de las tres cosas, no todas tres a la vez).

Con el sector terciario, el servicio doméstico y los pijos unionistas (o constitucionalistas o como se llame), que, por cierto, suelen ser sus primos, los pijos catalanistas hablan en un castellano perfecto. Una típica y extensa familia de pijos catalanistas como tiene que ser está formada, además del padre y la madre, por unos diez hermanos, entre los cuales los más grandes hablan catalán, los del medio castellano y los pequeños, de nuevo, catalán.

Los pijos catalanistas van a misa reiteradamente y escalan montañas constantemente. A menudo aprovechan el viaje y, para economizar, van a misa en lo alto de la montaña escalada. A los pijos catalanistas les encanta el Románico (el Románico catalán, se entiende).

Muchos pijos catalanistas fueron muchachos 'escolta' ['boy scouts'], por eso en las manifestaciones varias de los últimos tiempos no hay nunca "ni un papel en el suelo". Sobre los tejemanejes de los Pujol todos los pijos catalanistas ahora dicen: "Yo ya lo sabía desde hacía tiempo". Hay muchos periodistas, que ni son pijos ni son catalanistas, que también lo dicen. Resulta que también lo sabían. Los otros no debíamos estar suficientemente atentos.

Ser pijo y catalanista no ha sido nunca incompatible, ni mucho menos, con ser monárquico o con haber sabido cómo aumentar la fortuna considerablemente durante el franquismo. El arte de hacer 'la puta i la Ramoneta', claramente, se lo inventaron ellos.

Sin embargo, lo que se conoce como "cultura catalana" (del MNAC y la Bernat Metge, pasando por Òmnium o la Nova Cançó, hasta el Fomento de las Artes Decorativas o el Macba ...) es obstinación suya. Los pijos catalanistas han rehecho un pueblo ampurdanés piedra a piedra respetando su carácter supuestamente medieval, su esencia rural. Los de la Bisbal están que alucinan. En este pueblo empedrado han creado un festival de: piano clásico, jazz experimental, cine también experimental, poesía visual, pintura en 'plein air'... Y antes o después del concierto o de la exposición de turno siempre se sirve una copa de cava, embutidos artesanales cortados muy finos y carquiñolis. Las señoras van con un chal de Roser Marcé que conservan desde finales de los ochenta y se tocan a menudo el cuello, del que cuelga un collar grueso de Aurelio Obispo o de Enric Majoral.

Los pijos catalanistas siempre están a un paso de convertirse en pijos independentistas, de hecho lo desean, pero claro, no les gusta la clandestinidad.

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