Una noche que durará años

Muy probablemente, la batalla política, la confrontación en la calle, pasará ahora a los tribunales

Un cartel invitando a votar en una iglesia el día de las elecciones, en Swansea, Carolina del Sur. / MICHAEL CIAGIO/ REUTERS

En unas elecciones normales a la presidencia de los Estados Unidos, el recuento electoral sería definitivo pocas horas después del cierre de los colegios electorales de la Costa Oeste, pero estas no son unas elecciones normales ni los tiempos son ordinarios. En ninguna parte, pero todavía menos en los Estados Unidos. En un mundo convulso, los EE.UU. están inmersos en un estado de excepción que hace difícil reconocer los valores tradicionales de la democracia americana. Donald Trump ha impuesto un estilo divisivo y caótico, crudo, que conecta con una parte del país, frustrada por la falta de expectativas en el futuro, furiosamente antiestablishment y que es sensible a las amenazas del presidente cuando dice que los demócratas confinarían el país y hundirían la economía con su gestión de la pandemia. La dicotomía entre economía y salud también forma parte de la batalla americana en la calle y, no en vano, en alguna de las confrontaciones entre seguidores demócratas y republicanos los unos gritan “Dónde lleváis la mascarilla” y los otros “Dónde lleváis los pañales”, en referencia al mensaje de autoconfianza y desafío del virus que ha defendido Trump en contraposición a la visión científica de control de la pandemia. Las dos propuestas electorales representan dos países diametralmente diferentes y no solo en el estilo del ejercicio del poder, sino en las propuestas tanto de política interior como exterior. 

La noche ha confirmado que la oleada demócrata solo estaba en la ilusión de algunos observadores europeos y que el país está dividido de manera muy profunda. Trump resiste, a pesar de la falta de gestión de la pandemia, el impeachment, sus  oscuros asuntos empresariales y el estilo vengativo y machista desacomplejado.

Un escrutinio que va para largo

La lentitud del recuento por la extraordinaria participación electoral, el hecho de que cada estado tenga una legislación diferente que permite en algunos casos votar hasta el viernes, el masivo voto por correo y unos resultados muy ajustados en muchos estados anuncian horas y días de incertidumbre hasta que los resultados sean reconocidos por los dos candidatos y por sus votantes. 

A primera hora del miércoles todo apunta a un recuento largo y una batalla legal en la cual todos los votos cuentan. Muy probablemente, la batalla política, la confrontación en la calle, pasará ahora a los tribunales en el país de los abogados. Donde todo se litiga, también se litigarán unos resultados que se presentan muy ajustados y, por lo tanto, dramáticos.

Faltan todavía muchos datos para un análisis reposado, pero Donald Trump ha sido un presidente testosterónico, divisivo y efectivo para muchos norteamericanos y Joe Biden un candidato con poco carisma que basa las opciones de victoria precisamente en no asustar al voto republicano moderado.

Los norteamericanos se debaten esta madrugada electoral entre la esperanza y el miedo en unas calles desiertas donde se ha blindado la Casa Blanca y algunas calles en previsión de disturbios. Hará falta paciencia durante días y quizás semanas. Si alguien se precipita a proclamar resultados puede encender la chispa en un país que nunca había estado tan polarizado.

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