CRÍTICA TV

La tostada de Donald Trump

Con Donald Trump por medio, la información política se ha convertido en un espectáculo mucho más goloso

“Esto no es como poner un trozo de pan en la tostadora y que te salga una tostada al cabo de sesenta segundos”. Esta era la comparativa que usaba un periodista de la televisión pública norteamericana, la PBS, para explicar que todavía tendrían que pasar muchas horas para obtener unos resultados fiables de las elecciones presidenciales. Seguramente no habría que recurrir a una imagen tan absurda ni a un recurso tan elemental para que la gente entienda que contar millones de papeletas pide tiempos, pero ejemplifica hasta qué punto en esta campaña se ha tenido que bajar el listón y utilizar una pedagogía extrema para conseguir que se entendiera la importancia de votar y los procedimientos para hacerlo. Es el efecto Trump. Es como si los Estados Unidos hubieran tenido que volver al abecé informativo de los mecanismos democráticos para que la ciudadanía tomara conciencia de la importancia de estas elecciones y reaccionara en consecuencia. Por eso, en las últimas semanas la información política de la televisión se ha acercado a los métodos de Barrio Sésamo.

El espectáculo de la noche electoral (o nuestra madrugada) dependía sobre todo de la impaciencia del espectador. Con un añadido: en los Estados Unidos las cadenas de televisión no coinciden en los resultados que ofrecen a la audiencia, a diferencia de lo que estamos acostumbrados a ver aquí. En función del canal que elijas, obtendrás unos resultados u otros. Por eso el especialista de la Fox encargado de ir informando del cambio de color de los estados y los condados no paraba de repetir: “Tenéis que ser pacientes. Los resultados son reales, pero ahora mismo no quieren decir nada”. Hay que remarcar que las cifras obtenidas son verdad. Y hay que añadir el matiz de que los resultados provisionales no quieren decir nada, pero se informa de ellos como si pudieran significar mucho. Y el espectador queda atrapado dentro de un bucle de azules y rojos esperando el momento en el que algún dato pueda significar algo.

Lejos de hacer unas puestas en escena espectaculares y modernas con los presentadores moviéndose en medio de escaños y subiendo y bajando en ascensores que transitan entre los gráficos, a la CNN y la Fox les basta con una gran pizarra táctil. Todo el espectáculo está basado en la palabra de los expertos y en hacer avanzar el relato de la evolución de los datos: la emoción del suspenso presidencial. Cifras y más cifras se van acumulando en los márgenes de la pantalla. No es especialmente entretenido, pero con Donald Trump por medio, la información política se ha convertido en un espectáculo mucho más goloso. Hace cuatro años, en 2016, con la victoria de Trump, el director general de la CBS, Leslie Moonves, declaró: “No creo que sea bueno para América, pero es muy bueno para la CBS”. La crispación social y política que ha generado Trump ha tenido un impacto mediático que ha beneficiado a las grandes corporaciones televisivas. Seguramente en términos económicos, porque en el aspecto periodístico ha rebajado la maquinaria al nivel de una tostadora de pan.

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