Padres a la sueca

Los futuros ingresos de las madres aumentan de media un 7% por mes de permiso que asume el padre

En 1974 Suecia fue el primer país que cambió los permisos de maternidad, para permitir que se beneficiaran de ellos tanto los padres como las madres. Pero esta medida no tuvo el éxito esperado. Pocos hombres se quedaron en casa, y se les conocía despectivamente como 'padres de terciopelo'. 40 años después, la situación todavía no es paritaria. La distribución de los permisos tiende a ser de un tercio para los padres y dos tercios para las madres, y son muchos los hombres suecos que hacen coincidir el permiso paternal con la temporada de caza de los alces o con las Olimpiadas de Invierno. Pero ahora más del 85% de los padres cogen su permiso de paternidad.

¿Qué ha pasado en estas décadas? Ha habido un cambio social propiciado por un diseño inteligente de las políticas de familia. Las medidas públicas sólo han funcionado cuando las buenas intenciones han ido acompañadas de buenos incentivos, y las familias han encontrado que la ampliación de los permisos paternales las beneficiaban. Deberíamos tomar nota de esta lección.

El gobierno de Pedro Sánchez, siguiendo el camino de países como Suecia, así como las recomendaciones de la Comisión Europea, ha confirmado la implantación en España de unos permisos de maternidad y paternidad iguales e intransferibles. No se conocen los detalles, pero es probable que, al igual que las madres, los padres españoles puedan disfrutar el año 2021 de 16 semanas de permiso, en principio intransferibles.

La corresponsabilidad de la crianza reduce el impacto laboral que la maternidad tiene sobre las mujeres

Los motivos de esta medida son incuestionables. Que los hombres asuman un rol activo en la crianza beneficia el desarrollo físico y emocional de sus hijos. Pero también a ellos mismos. Estos padres declaran tener mejores relaciones familiares y sentirse más satisfechos. Además, esta corresponsabilidad reduce el impacto laboral que la maternidad tiene sobre las mujeres. Y es que los futuros ingresos de las madres aumentan de media un 7% por cada mes de permiso que asume el padre. Las bajas paritarias también ayudan a conseguir una economía más productiva, con menos rotación de los trabajadores y menos absentismo laboral.

Pero si hay tantas ventajas de los permisos de paternidad, ¿por qué son tan pocos (¡menos de la mitad!) los padres españoles que han pedido la quinta semana a que tienen derecho desde este año? Pues porque repartirse el peso de la crianza es una decisión que se toma dentro de cada familia, en función de muchos factores. Algunos son culturales, como sería una visión arcaica de la masculinidad, pero otros son mucho más razonables, como los salarios familiares o la flexibilidad laboral.

En una situación no equitativa, el sector público puede impulsar una distribución más igualitaria de las responsabilidades familiares. Pero el ejemplo de Suecia nos muestra que estas políticas deben introducirse gradualmente. Hasta principios de los años 90, poco más de un 5% de los padres suecos cogían la baja paternal. En 1995, el partido liberal lideró un debate no exento de polémica que llevó a la implantación de la 'cuota de los padres'. De los 15 meses de permiso por hijo, cada progenitor tendría un mes -al igual y intransferible- que si no utilizara se perdería. Hoy el sistema sueco 'fuerza' a cada uno de los dos padres a estar en casa con sus hijos un mínimo de tres meses. Los otros se los pueden repartir como quieran. Es un sistema, de hecho, similar al implantado en Alemania.

La medida propuesta por Sánchez sólo funcionará si sabe definir buenos incentivos para que se acojan una gran mayoría de familias; si no tendrá unos costes sociales inasumibles

La propuesta del gobierno de Sánchez, que impondría cuatro meses intransferibles a los padres, quiere ir, pues, más lejos y más rápido que la política del país con el estado de bienestar más desarrollado y más igualitario del mundo. Quizás pecamos de ambiciosos. Si funciona, los padres españoles podrían disfrutar equitativamente de la crianza de sus hijos y las madres dejar de pagar unilateralmente los costes laborales. Y esto puede pasar en muchas familias. Por ejemplo, en aquellas donde ambos padres tienen trabajos estables, tales como funcionarios.

Pero aquellas familias donde los ingresos de los padres pueden verse afectados por el hecho de pasar cuatro meses de baja -por ejemplo, autónomos o trabajadores del sector privado sometidos a una fuerte presión laboral- podrían renunciar a todo, o casi todo, el tiempo de permiso paternal. Sus hijos tampoco se beneficiarían de las ventajas cognitivas y afectivas derivadas de que sus padres los estén cuidando durante un largo periodo de tiempo. Y, además, estas familias estarían, con sus impuestos, financiando las bajas de otros padres más afortunados.

Alargar los permisos de maternidad y paternidad es indispensable para garantizar una economía más justa, próspera y productiva. Pero la medida propuesta por el gobierno de Sánchez sólo funcionará si sabe definir buenos incentivos para que se acojan una gran mayoría de familias. Si sólo se apuntan unas determinadas familias, puede generar unos costes sociales inasumibles.

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