Querida Milagros

Lo que debemos esperar es que el sexo sea un juego placentero y, por tanto, consentido

La amiga Milagros Pérez Oliva escribía en 'El País' un artículo, "Del 'porno' a la 'manada'", en el que, a propósito de las violaciones en grupo que hemos conocido estos días, alertaba de que el primer contacto con el sexo de los jóvenes es a través de la pornografía. Decía: "Tampoco es casualidad que todo esto coincida con el hecho de que uno de los videos porno que figura entre los más vistos de internet sea, precisamente, el de una violación en grupo". Y añadía que la pornografía "tiene cada vez menos erotismo y más brutalidad" y cuenta con "el sometimiento de la mujer y su cosificación como ingrediente de la excitación masculina". Termina el artículo deseando que niños y niñas "encuentren cuanto antes un amor que los quiera y puedan descubrir lo que tienen que descubrir lejos de los estereotipos de la pornografía". Naturalmente, resumo.

El porno y el erotismo son categorías diferentes. Las películas de Esteso y Pajares son "eróticas", pero mucho más machistas que 'Garganta profunda', peli porno muy feminista (y cómica) en mi opinión. Las películas porno son mentira. Pero las de amor y las de aventuras también. Hay quien ante la libertad de la cámara se excita haciendo de perro o haciendo ver que se prostituye o que es un esclavo o que está siendo torturado. Y las películas lo que hacen es reflejar los gustos (tan diversos) que siempre ha habido. Estas películas, por cierto, también excitan a mujeres. Creo que el porno no es ahora más brutal que en Pompeya, y diría que los jóvenes de entonces tenían el mismo acceso a él. Estoy a favor de prohibir, por completo, contenidos pornográficos a menores. Ahora los niños ya no juegan con pistolas. Pero cuando sean mayores verán películas de asesinatos, y si alguno de ellos se convierte en asesino Tarantino no tendrá la culpa. Claro que los niños y niñas, de mayores, "deben encontrar a alguien que los quiera". Pero también alguien que no los quiera, alguien que solo quiera sexo con ellos. Y lo que debemos esperar es que ese sexo sea un juego placentero y, por tanto, consentido.

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