Erotismo a la española. Las gordas.

Manuel Vázquez Montalbán, a propósito de la muerte –el 27 de agosto– del fotógrafo Leopoldo Pomés

De Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939 - Bangkok, 2003) en Bocaccio (XI-1970). A propósito de la muerte –el 27 de agosto– de Leopoldo Pomés (Barcelona, 1931 - Girona, 2019) algunos medios descontextualizaron la breve referencia al fotógrafo que había hecho Vázquez en este artículo. Imagen: calle Balmes, en 1958, por Leopoldo Pomés.

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De hecho, una de las pruebas más fehacientes del erotismo subdesarrollado español es la profunda admiración que todos sentimos por las señoras gordas. La precariedad de la reserva alimenticia, el perpetuamente heredado cuestionado futuro, ha creado una, hoy, secreta estimación por la mujer gorda, de extendidos e inacabables encantos, que pone en los ojos masculinos luz de hartura y en las junturas del espíritu y la carne esa íntima desazón que los cultos relacionan con la libido. Hoy, cuando la mímesis experimentada hacia las culturas y civilizaciones postindustriales, nos hace falsear nuestras auténticas vocaciones, es cuando nos es dada la hipócrita costumbre de colocar señoras delgadas en el escaparate erótico del país. Traidores a sus más profundos sentimientos, los Pomés, los Jacinto Esteva, los Gonzalo Suárez manipulan las conciencias espectadoras a través de flacas hembras, sin otra gracia que las variantes estructurales que la osteína ha querido insinuar bajo pieles sin brillo y lustre que prestan las carnes prietas y concentradas, bajo el manto protector del panículo adiposo. Y uno entonces, no puede menos que recordar los factores educacionales de su erotismo y regresa al añorado mundo de los años cuarenta, cuando la cantidad de mujer no excluía la calidad y en las irregulares caderas de Mercedes Vecino descansaba el orden emocional del universo, así como en su mirada de personajes de La colmena, se podía leer la promesa de un paraíso lleno de vírgenes rubias aclaveladas, con su correspondiente camisón con ventanilla. No es que las mujeres que protagonizaron la educación sádica de nuestra infancia dejaran a un lado el atractivo de lo exótico y sólo ofrecieran mata de pelo moreno, panículo adiposo, bigotes mal afeitados y, eso sí, corvas esplendorosas cual cueva de Alí Babá y sobacos de vértigo. También las rubias nos hablaban de otras tierras, otros cielos, otros mares y aunque en su teñidez bicolor se evidenciaba el subdesarrollo de nuestra industria cosmética, bastaba la simple insinuación de lo exótico para que lo aceptáramos. Y así Brigitte Bardot nos ha parecido más francesa que Mary Martin, la eternamente aparejada con Adriano Rimoldi, ni nunca la erótica pureza de la Katherine Ross podrá desplazar aquel encanto mariano-gotettico de María Rosa Salgado. Mas no eran flacas aquellas exóticas muchachas rubias, variante del temperamento carnoso de nuestras morenas. Jamón serrano o dulce, pero sin química. […]

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