La escandalosa criminalización del feminismo

En España desde enero de 2003 un total de 976 mujeres han sido asesinadas por violencia machista

La ventaja de cumplir años es que cada vez revives con mayor claridad el pasado. Tiene la virtud de ser atemporal, porque los recuerdos no son necesariamente más intensos cuanto más cercanos están; más bien diría al contrario: hay algunos que el tiempo no solo no los borra sino que los intensifica. Pero también es verdad que ensayas interpretarlos, a darles otro sentido, incluso aquellos que te hicieron tanto daño entran en una especie de nebulosa protectora de la que tú misma aprendes a hacer una visión edulcorada. Así vivimos más felices.

Navidades es siempre tiempo de añoranza, de personas o recuerdos, de los que te acompañan y de los que ya no están, de afectos y desafectos, de buenas o malas noticias, lo cierto es que todos estos sentimientos, sin ser exclusivos de estas fiestas, son mucho más intensos. En mi caso vengo de una familia numerosa y seguimos siéndolo, soy tradicional −que no conservadora− en las costumbres y también en la comida. Todavía me gusta hacerla personalmente, de manera que durante unos días cambio los libros por los pucheros y año tras año me rodeo de grandes ollas, que también con el tiempo parece que aumenten de tamaño y peso. Recupero las antiguas recetas familiares de madres y abuelas, la mayoría todavía escritas a mano, y tengo con ellas una relación de especial intimidad durante estos días; les hablo y les cuento lo que me pasa por la cabeza, y siento que de alguna manera me están escuchando. Y evito la sal, porque ya saben que en estas ocasiones las mujeres salamos las comidas con nuestras lágrimas.

Pero todo esto lo hago porque quiero, porque me gusta, porque forma parte de una manera de entender mi propia vida y la relación con los que me rodean. Pero no tengo a nada ni a nadie que me obligue a hacerlo y mucho menos un hombre.  Me gusta el espacio de la cocina porque genera cercanía y complicidad entre hombres y mujeres y un acercamiento muy singular con los niños.

Siempre aprovecho también el cambio de año para repasar alguno de los temas que he trabajado, ciertos son recurrentes, como el de la violencia de género que hace muchos años que lo estudio. Y cuando miro las estadísticas me duele especialmente la de víctimas mortales. Mujeres que mueren por el simple hecho de serlo, feminicidios que ni siquiera en muchos países cuentan como tales, porque no se quieren reconocer unas muertes que con toda seguridad podían haber sido evitadas.

En España desde enero de 2003 un total de 976 mujeres han sido asesinadas por violencia machista. Se parte de este año porque solamente entonces se empezaron a contabilizar bajo este concepto, pero probablemente sean bastantes más y si miramos hacia el pasado la cifra es sin duda mucho mayor.  Ya sé que toda comparación es odiosa, pero la historia más reciente me lleva a pensar en el terrorismo, y así por ejemplo en el libro 'Vidas rotas' se relata la muerte de las 858 personas víctimas del terrorismo de ETA en los últimos 50 años. “La secuencia cronológica de todas y cada una de las muertes causadas por ETA permite comprender en su plenitud el tremendo coste humano y político del terrorismo en España”. Así se define esta obra, que quiere significar también un emotivo homenaje a todas las personas asesinadas por ETA.

No se trata de confrontar ni el dolor ni la muerte, pues cada vida tiene un valor en sí misma, pero respecto a las víctimas de ETA al menos en los últimos tiempos ha habido una importante concienciación colectiva solidaria con su dolor y el de sus familias. Nada que ver con la violencia de género, de la que además de que probablemente pocas personas recuerden los nombres de sus víctimas, hay quien se atreve incluso a cuestionarlas. Para mayor escándalo, los discursos de Trump, Bolsenaro, Salvini o Abascal nos recuerdan cuan miserables e injustos pueden ser los argumentos. Lo cierto es que me siento profundamente incómoda y molesta con la criminalización del feminismo, como siempre ocurre también con colectivos más necesitados como el de la pobreza y la inmigración.

Para colmo, proliferan también argumentos “bien intencionados” como el de Javier Marías publicado recientemente en 'El País', que consideran que el nuevo feminismo representado por el movimiento #Meetoo volverá a encerrar a las mujeres porque los hombres no querrán asumir ningún riesgo y en consecuencia las evitarán a toda costa, lo que llevará de nuevo al riesgo de una separación total. Supongo que ha olvidado que en el recorrido de la reivindicación de los derechos las mujeres apenas llevamos unas horas en la historia y que la pérdida del poder absoluto –en este caso de los hombres– nunca es gratuito. Ojalá hubiera tomado nota de aquel chiste de Forges que en el mismo rotativo mostraba a un hombre con un rótulo dirigido a las mujeres en el que decía: “Te quiero libre, sin miedos, sin discriminación, con trabajo digno, respetada… ¡y feliz! ¡Mucho!”

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