Pinceladas amarillas

España está ante un escollo histórico que la obligará a elegir entre arrasar o solucionar

1. Arrasar o solucionar. El panorama político catalán es todavía de desorientación y se necesitarán semanas para articular con claridad las propuestas políticas para este nuevo capítulo que comenzó con la declaración parlamentaria del 27 de octubre. Con los principales líderes soberanistas encarcelados o en Bélgica, es difícil hacer un análisis crudo sobre el futuro, y los partidos soberanistas hacen convivir mensajes de resistencia con otros autocríticos o llenos de eufemismos. En cambio, España vive una efervescencia de orgullo nacionalista después de que el poder del Estado haya intervenido el autogobierno catalán, haya convocado elecciones y haya encarcelado a una parte del gobierno catalán, además de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart.

A pesar de las apariencias, la España del PP, Cs y el PSOE se presenta a las elecciones en Cataluña con un mensaje de estabilidad que se basa en una ficción. Una construcción artificial que pretende que España puede sobrevivir sin cambiar. La victoria del Estado se basa en el abuso de poder y es acrítica. Se sustenta en el supuesto de que la voluntad y necesidad de autogobierno de Cataluña desaparecerá, aunque se ha demostrado muy terca a lo largo de la historia.

España puede intentar restablecer una pretendida "normalidad", pero está ante un escollo histórico que la obligará a elegir entre arrasar o solucionar, en palabras pronunciadas hace unos meses en el Congreso por el portavoz del PNV. Arrasar pasa por continuar humillando a los catalanes partidarios de la independencia y a una mayoría aún más amplia partidaria de elegir su futuro. Solucionar pasaría por una apuesta política capaz de repensar el modelo de España y la relación con Cataluña de manera democrática, sea cual sea la decisión de los catalanes.

Hasta hoy, el PP, Cs y el PSOE se entretienen saboreando la victoria sobre la Generalitat conseguida gracias al control de los mecanismos del Estado, pero sin ninguna propuesta política nueva. El PP se mantiene defendiendo la España unitaria y uniformizadora. Ciudadanos pugna por el mismo electorado de derecha defendiendo el mismo modelo apolillado con el único matiz de criticar el sistema de financiación vasco para debilitar al PP y conectar con las comunidades infrafinanciadas del arco mediterráneo. La propuesta del PSC pasa únicamente por desenterrar el Estatut y la agencia tributaria consorciada que el propio PSOE evitó que se desarrollara. Siete años después de la sentencia del Tribunal Constitucional, pretenden volver a la casilla de salida.

Pronto sabremos si el gobierno del PP elige la opción de solucionar o se mantiene en la arrasar. Será fácil de constatar. Una vez perdida la apuesta de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), Barcelona necesita recuperar el impulso económico y trabajar para captar inversiones y recuperar dinamismo. También necesita unir esfuerzos para retener talento y oportunidades como la Mobile World Capital. Será interesante ver las iniciativas inmediatas del Estado y de las grandes empresas del sector, como Telefónica, en este sentido. El grado de implicación en el éxito del Mobile será mucho más informativo que cualquier declaración de buenas intenciones o cualquier mitin. Las últimas semanas han tenido un coste de reputación para Cataluña, pero a nadie se le escapa que los artículos en la prensa internacional afectan también al Estado.

2. Una campaña surrealista. Mañana comenzará la campaña electoral más extraña. El color amarillo es sospechoso hasta el punto de que unas abuelas no pueden circular libremente por Mataró y se prohíben las fuentes iluminadas de amarillo. Aún más grave, miran con lupa las palabras de los periodistas de los medios públicos y se censuran los comentarios editoriales. La arbitrariedad llega hasta el punto de que aún no se sabe si los principales candidatos podrán participar en la campaña y la decisión del juez del Tribunal Supremo referente a la libertad de los presos políticos se ha pospuesto hasta pocas horas antes de la campaña. El juez, evidentemente, lo hace en el ejercicio de su legítima autoridad, pero la dilación profundiza la incertidumbre de los detenidos y sus familias y alimenta la venganza de algunos entornos mediáticos y políticos.

3. El Gobierno en Bélgica da una imagen de irrealidad a la situación política. El presidente no puede evitar el encapsulamiento y la emocionalidad de la injusticia vivida puede alimentar un mensaje que se aleje de la temperatura en Cataluña. Las encuestas muestran un resultado ajustado entre dos bloques y una formación de gobierno que necesitará flexibilidad y dedicación porque no se podrían convocar nuevas elecciones hasta un año después del 21-D. Harán falta políticos responsables, capaces de pensar en el conjunto más que en sus seguidores y con la suficiente cintura para llegar a pactos viables. Políticos capaces de acordar un mínimo común denominador que permita salir del atolladero actual y que renueve la confianza de los ciudadanos.

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