La España del toisón y la tormenta

Roger Torrent demostró este martes la disposición de ERC a abrir una nueva etapa

A pesar de todo, no nos hemos escapado de las metáforas marineras. En Cataluña hay mar de fondo, tormenta y quizás naufragio. El estado español, con el gobierno del PP, la justicia y la prensa, se ha conjurado para no importunar el cumpleaños de un rey antiguo y dar lustre a una ceremonia hereditaria celebrada con una primera fila de políticos, militares y clérigos. España hace tiempo que ha decidido que asumirá el coste de parar el proceso catalán y que la erosión del sistema democrático español no será un obstáculo. Con esta España política homogénea, unitarista e incapaz de abrazar la diversidad, la mayoría parlamentaria independentista puede elegir entre hacer un pulso desigual contra el Estado o actuar estratégicamente y acercarse a la realpolitik, en palabras de un pata negra republicano. Roger Torrent demostró este martes la disposición de ERC a abrir una nueva etapa, que en la práctica abre una cuenta atrás para pactar una investidura factible con el presidente Puigdemont. Una investidura que signifique un gobierno estable y la recuperación de las instituciones. El enfrentamiento público de este martes entre ERC y JxCat es un mal síntoma. Un país serio quiere políticos serios, capaces de negociar, de llegar a acuerdos y que no pidan inmolaciones estéticas. La calidad democrática del Estado ha quedado en evidencia. No hay que esperar nada. Ahora hay que elegir, en Cataluña, entre actuar con pragmatismo, firmeza y perseverancia o optar por la parálisis institucional, la humillación constante y una movilización incierta.

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