Gente con anosmia

La utilidad de la protesta masiva del 8-M es que el "¡Basta!" durará más de un día esta vez

De todos los sentidos, el olfato es el que tienen más desarrollado los buenos políticos. Son aquellos que a la legua ven los prácticamente imperceptibles cambios de rumbo de la sociedad porque forman parte de ella o saben leerla intuitivamente. Los políticos conectados tienen los pies en el suelo gracias a un entorno que los ata a la realidad en vez de intoxicarlos con halagos, o desarrollan el olfato para interpretar la realidad con los indicios sutiles que la sociedad emite. Otros, en cambio, parecen sufrir de anosmia y, sin olfato, se quedan fuera de juego, como les ha pasado a muchos políticos pero también a empresarios y periodistas influyentes esta semana. Muchos de ellos observaron con sorpresa la masiva protesta del día 8 de marzo sin haberla visto venir, sin olerla, incluso despreciándola.

La convocatoria de protesta fue un éxito porque dio salida a muchos sentimientos de frustración que se habían ido acumulando durante mucho tiempo. Muchas mujeres cobran menos que los hombres por el mismo trabajo, tienen más responsabilidades de cuidado, que son duras psicológicamente y no son remuneradas, se apartan más del carril laboral y colaboran más en la carrera de sus parejas. Saben que son cosificadas entre risas y tienen que estar alerta contra los abusos sexuales y la violencia de género.

Las mujeres están hartas de sacar agua del mar con un cubo y exigen políticas públicas

No se trata de una lista de agravios llorones sino de la realidad cotidiana de muchas mujeres fuertes. El día 8 sirvió para poner en evidencia un punto de vista que, a muchos hombres cómplices de la igualdad de género, les ayuda a entender las mujeres que los rodean. Mujeres de derechas y de izquierdas, mayores y jóvenes, siguen siendo víctimas de la pervivencia de ciertos tópicos machistas. Desde Anna Gabriel hasta Inés Arrimadas son juzgadas por su apariencia física y tratadas con condescendencia en algunos momentos en la vida pública. Por este común denominador no se entiende cómo algunas mujeres se han distanciado de una convocatoria de protesta con la que no es necesario compartir el manifiesto al cien por cien.

Enseñar a mirar

Las abuelas y las feministas de los setenta han pasado el relevo a una generación joven y desacomplejada, que está dispuesta a denunciar los agravios de la vida cotidiana; que enseña a mirar a los que no quieren ver. La escena 1 tuvo lugar a primera hora de la mañana del día 8 entre una pareja de profesionales liberales en la treintena:

Ella: Toni, hoy no llevaré al niño a la escuela.

Él: Buf, pero yo tengo mucho trabajo, no puedo.

Ella: Hoy hago huelga.

Él: De acuerdo... Voy a llamar a mi madre.

La intendencia se solucionaba instintivamente llamando a otra mujer, la abuela de la criatura que no sabía teletransportarse a la escuela.

La escena 2 la proveyó una empresaria de setenta años unas horas más tarde. Contaba que el responsable de una organización, muy longevo en el cargo, le había dicho que no integraba a mujeres en los órganos de decisión porque le resultaba "molesto" no poder "contar chistes" y se le hacía incómodo "viajar con mujeres por trabajo".

La entrada de mujeres en instituciones tradicionalmente masculinizadas es una cuestión de higiene democrática, porque conlleva una mejora en los criterios de meritocracia, transparencia y buen gobierno. Las mujeres favorecen la capacidad de renovación de muchos ecosistemas y están más representadas en los puestos de relevancia pública a los que se accede por oposición que en aquellos a los que se llega por cooptación o por un proceso de selección con un componente de pacto político.

Vicios privados y virtudes públicas

La escena 3 llega al día siguiente. Las malas artes de algún servicio opaco hacen emerger una conversación telefónica privada del ex secretario de Hacienda de la Generalitat, Lluís Salvadó, con su amigo y alcalde de San Carlos de la Rápita, Josep Caparrós. Conversaciones como ésta no son tan extrañas en nuestra sociedad y es bueno preguntarse cómo esta mirada condiciona decisiones y modos de actuar.

La utilidad de la protesta masiva del 8-M es que el "¡Basta!" durará más de un día esta vez. Las mujeres han decidido hacerse visibles y la exigencia es pasar a la acción. Si los índices de natalidad son bajos es porque los salarios son bajos y las políticas públicas son insuficientes para ayudar a revertirlos. Si las mujeres llegan cada vez más tarde a la maternidad es porque su consolidación laboral también es tardía. La reivindicación de la igualdad es compleja y la lucha será larga, pero las mujeres han demostrado masivamente que están hartas de sacar agua del mar con un cubo y exigen políticas públicas.

Etiquetes

Més continguts de

El + vist

El + comentat