Miedo al indocumentado

La historia de la humanidad está llena de olas migratorias que han construido nuestras sociedades

Debemos defendernos de la política que pretende conectar con el resentimiento y con el miedo al extranjero. De la política que ofrece la solución fácil del odio al otro como origen de nuestras frustraciones. Sabemos, como decía el primer ministro francés Michel Rocard, que no se puede acoger toda la miseria del mundo, pero también sabemos que nuestros abuelos fueron acogidos, que abandonaron el país por carreteras hacia el norte y barcos hacia Latinoamérica y que la historia de la humanidad está llena de olas migratorias que han construido nuestras sociedades y que, como el agua, se pueden canalizar pero no hacer desaparecer. El rechazo a la inmigración de los gobiernos europeos y el norteamericano exige un replanteamiento de la política migratoria de la UE y un paso firme de las opiniones públicas y de políticos decentes que sean capaces de hablar claro y con una perspectiva humanitaria. Los límites se han traspasado cuando, en solo un período de seis semanas, 2.000 niños son separados de sus familiares y encerrados en una especie de jaulas como pájaros del zoo en la zona fronteriza con México. Un centenar de niños que tienen menos de cuatro años y cuyos padres han cometido el delito de ser inmigrantes sin documentación. Donald Trump es el verdadero indocumentado, un político sin escrúpulos, mentiroso, que embauca a los desheredados de la globalización en nombre de la Biblia. La batalla no ha hecho más que empezar y tendremos que replantearnos qué sociedad queremos ser y hasta dónde aceptamos la cobardía.

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