Unas exageradas

Una colega vuelve de una entrevista indignada porque su interlocutor ni la ha mirada a los ojos

Algunas anécdotas de la semana, y hoy solo es jueves:

Una científica distinguida, que ha superado los cincuenta y actualmente trabaja en Londres, me cuenta que todavía no ha digerido que, hace unos años, después de perder un concurso profesional importante, un miembro del tribunal minimizara la frustración recordándole que su marido era médico. La misma científica me cuenta cómo su familia disimulaba socialmente que hacía el doctorado en Estados Unidos porque se había ido sin el marido.

Una colega vuelve de una entrevista indignada porque su interlocutor ni la ha mirada a los ojos. El compañero que lo ha presenciado se da cuenta por primera vez de lo que cuesta que a las mujeres se les reconozca "el derecho a ser escuchadas" sin resultar agresivas.

Una mujer aparentemente segura de ella misma confiesa su vértigo ante un desafío profesional. Una mujer mayor le responde que no tiene que preocuparse, que la inseguridad siempre lleva a las mujeres a hacer el doble de trabajo y, por tanto, se equivocan menos por exceso de autoconfianza.

Unas chicas guapas y jóvenes llegan a una reunión de trabajo muy arregladas. Saben que van a ver a un cliente "un poco antiguo".

En un juicio se admite la prueba del seguimiento de un investigador privado a una víctima por presunta violación en grupo. La indemnización podría ser menor porque ella ha conseguido llevar una vida aparentemente normal. Acusa a cinco bestias de inmovilizarla, taparle la boca, violarla y compartir el vídeo.

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