Los riesgos del toreo

Pedro Sánchez pecó de autoconfianza y Pablo Iglesias le embistió

Pedro Sánchez salió en la sesión de investidura a exigir al personal los votos que lo hagan presidente. Con aire torero instó al PP y Ciudadanos a darle el apoyo necesario para renovar en la Moncloa y gobernar así con la aprobación que le permita navegar en las aguas tormentosas de la postsentencia del 'procés' y quizás -con un coraje que por el momento es una incógnita- encarar el problema de la arquitectura territorial de España. Sánchez sabe o debería saber perfectamente que sólo puede contar con los socios de la moción de censura contra Rajoy, pero quiere dejar en evidencia ante el electorado, el Ibex y Europa, que son las fuerzas de la derecha constitucionalista las que lo tiran en brazos de Unidas Podemos y, como dijo Abascal, de los "votos de los enemigos de la nación española", antes de despedirse con un "me apiado de su destino y que le juzgue la historia". Tra-trá!

Pero Sánchez pecó de autoconfianza y Pablo Iglesias le embistió. Iglesias se inmoló el pasado viernes, pero no tiene intención de llevar a UP a un suicidio colectivo actuando de comparsa del PSOE. Tras unas horas de silencio, Iglesias reventó la negociación advirtiendo que no serán una presencia decorativa y que UP puede quedar fuera del gobierno, pero también hacer añicos las posibilidades de Pedro Sánchez. El flirteo de Sánchez con el PP y Ciudadanos mientras negociaba tacañamente con UP a tres días de la investidura definitiva puede terminar llevándolo a la enfermería.

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