El fiscal elige la venganza antes que la verdad

Zaragoza ha construido un relato que poco tiene que ver con lo que ocurrió en octubre de 2017

La intervención del fiscal Javier Zaragoza ya ha demostrado que el sueño de una posible rebaja de sus planteamientos como "gesto" al independentismo queda lejos. Si dicho gesto ya no tuvo lugar en el escrito de acusación, ahora, ante la caída del soberanismo como socio del gobierno agónico de Pedro Sánchez y oída la intervención de Zaragoza en el inicio del juicio, es difícil pensar que habrá un giro de 180 grados en las conclusiones.

Ya en las cuestiones previas, sin entrar en el fondo de la causa, Zaragoza ha dibujado un relato falaz que guarda una relación sólo casual con lo que ocurrió en octubre. Detalles: que se trata de un movimiento basado en la violencia, un punto que ni se ha molestado en argumentar. Que sólo hubo dos heridos "graves" el 1 de octubre, uno menos de los tres que reconoce el gobierno español: aquí la clave es el adjetivo, el hecho de que Zaragoza (de quien no figuran en el currículum conocimientos médicos) discierna cuáles entre los 1.000 heridos acreditados por los médicos de Cataluña fueron graves. Para completar su estampa del 1 de octubre, el fiscal remacha que la violencia no tuvo su causa en el dispositivo policial, sino en los votantes, afirmación que no aguanta ni tres segundos de imágenes del día del referéndum.

La defensa de la instrucción de Pablo Llarena también ha requerido una alienación con respecto a los propios escritos del juez del Tribunal Supremo. Zaragoza ha negado que los presos políticos hayan estado y estén entre rejas por su ideología. Que la causa se basa en hechos (más allá de su calificación delictiva) y no en pensamientos es argumentable desde el punto de vista de la acusación, pero que la prisión provisional es un castigo ideológico lo dejó por escrito Llarena en una respuesta a la demanda de libertad de Jordi Sànchez: "Mantiene su ideario soberanista. Resulta constitucionalmente válido, pero imposibilita el convencimiento de imposible reiteración delictiva que se tendría de quien profesara la ideología contraria". Es decir: no me fío porque es independentista. Sobre la parcialidad de Llarena, Zaragoza no se ha molestado en crear una realidad alternativa. Ante la evidencia de que Llarena se describió como un "afectado" por la estrategia soberanista y había alabado el 155, el fiscal ha usado una excusa de primero de política: "Son expresiones sacadas de contexto".

La sentencia del 'Procés' no se medirá por la verdad de los hechos descritos, porque ello significaría desmontar la causa desde el principio. Se definirá por el equilibrio entre la sed de venganza del tribunal y el temor a que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dé un bofetón que cuestione todo el sistema judicial español. El fiscal ya ha elegido: antes que la verdad, la venganza.

Més continguts de