ESPÈCIE PROTEGIDA

El racismo banal

La cuestión no es si negro es una descripción o un desprecio. No se trata de plantear dilemas absurdos sobre qué habría pasaría si en un banquillo lleno de futbolistas y técnicos subsaharianos (para el cuarto árbitro del partido del miércoles, negros) con uno caucásico (blanco) el asistente hubiera señalado a este último diciendo que a quien se tenía que expulsar era "al blanco". Porque los blancos nunca hemos sido discriminados por nuestro color de piel. Porque los blancos nunca -en la época moderna- hemos sido esclavos. Porque los blancos no somos negros y, por lo tanto, no podemos decidir qué les tiene que molestar y qué no.

Tampoco se trata de averiguar cuál era la intención del señor Coltescu. Solo él lo debe de saber. O quizás ni siquiera él. Lo dijo, la expresión tiene un componente racista y los jugadores se sintieron ofendidos. Con eso basta. Tema cerrado. El asistente no merece ninguna gran sanción pero me parece fantástico que el partido se parara y se aplazara. Crea precedente. Con el racismo, ni media broma. Ejemplaridad máxima.

Pero no olvidemos cuál es el sentido de la ejemplaridad: educar, aprender, hacer extensiva esta sensibilidad a otros ámbitos de la vida más importantes. Porque, al fin y al cabo, los futbolistas víctimas del racismo no dejan de ser unos privilegiados, una excepción. Quien de verdad sufre los peores efectos del racismo son los pobres: los que intentan llegar a nuestras costas, los que se a duras penas se ganan la vida haciendo de manteros. No vaya a ser que encontremos la paja en el ojo del futbolista negro y no veamos la viga en el ojo del mantero negro. El respeco al futbolista es lo que tiene que facilitar el respeto al mantero.

Y tampoco olvidemos las otras luchas que -vinculadas a los valores y en paralelo a la sociedad- se tiene que plantear el fútbol. Que la sensibilidad con el racismo (muy importante y muy presente) no nos impida ver las importantes dosis de homofobia y machismo que todavía tiene el fútbol.

El + vist

El + comentat