¿Cuándo volverá a gobernar la derecha en España?

El PP ha perdido su principal arma: la unidad

Siempre se había dicho que a la derecha le resultaba rentable electoralmente basar todo su discurso en Cataluña porque así conseguía votos en el resto de España. Los resultados electorales del domingo, sin embargo, ponen en cuestión esta afirmación y dibujan un panorama muy negro no solo para el PP, como es más obvio, sino también para el conjunto del bloque conservador. ¿Por qué? Pues, porque la derecha ha perdido su principal arma electoral: ser un solo partido que recogía todo el voto que hay entre el centro y la extrema derecha.

La suma de votos de PP, Cs y Vox es de 11.277.000, superior a los 10.870.000 de Mariano Rajoy en 2011. La diferencia es que Rajoy consiguió 186 diputados, mientras que PP, Cs y Vox juntos solo han conseguido 149. Es decir, con más votos han obtenido 37 diputados menos. La derecha, pues, se movilizó igual que la izquierda, pero se vio penalizada por el sistema electoral. En cambio, la izquierda de matriz española, concentrando el voto en el PSOE, maximizó mejor los votos, 11.214.000, con 165 escaños. La realidad es que la única manera de ganar que tiene la derecha ahora sería con una desmovilización absoluta de la izquierda (algo improbable con Vox en el tablero), o si hubiera una fragmentación similar en el espacio progresista (todavía menos probable). Conclusión: si Sánchez juega bien sus cartas la derecha puede tardar mucho tiempo en poder gobernar España.

Y todavía hay un tercer factor que impide un regreso de la derecha a la Moncloa. A diferencia de 2011, e incluso de 2016 con el PNV, los partidos conservadores ya no pueden contar con las muletas nacionalistas catalana o vasca. El procés ha cavado una zanja imposible de cruzar. Y esto es un impedimento más importante de lo que puede parecer a simple vista.

Sin Cataluña y Euskadi

El drama de la derecha es que sin Cataluña y Euskadi sería hegemónica en España. Haciendo un ejercicio muy sencillo —restar a los diputados elegidos en las circunscripciones catalanas y vascas— la triple derecha tendría 141 escaños, y la izquierda, 140 (sumando el diputado cántabro del partido de Miguel Ángel Revilla, que gobierna en coalición con los socialistas). Y el bloque conservador todavía podría sumar los dos escaños de Coalición Canaria, una formación que históricamente se ha decantado por dar apoyo al PP.

La combinación de una izquierda movilizada por el miedo a la extrema derecha, la división en tres partidos y el agujero negro electoral que representan Cataluña y Euskadi puede condenar a la derecha a una larga travesía por el desierto porque dificulta objetivamente la obtención de mayorías parlamentarias.

Además, hay que añadir el ambiente áspero y guerracivilista que se vivirá en los próximos tiempos entre tres partidos que, a su vez, están condenados a entenderse si quieren gobernar alguna institución después del 26 de mayo. La pregunta es: ¿es compatible una colaboración leal y estable entre unos partidos ferozmente enfrentados? ¿Cómo gestionará el PP la OPA hostil que le plantea Rivera? ¿Cómo reaccionará ante las previsibles deserciones de cuadros que saltarán del barco popular para pasarse al yate naranja?

En política es difícil hacer pronósticos, pero hoy se podría afirmar que una de las consecuencias menos esperadas del Procés ha sido la implosión del PP y, de rebote, la minorización de la derecha española.

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