España es un país extraño

El PSOE no puede pretender mejorar sus resultados imitando la estrategia de la derecha con Cataluña

JAVIER PÉREZ ROYO
JAVIER PÉREZ ROYO Catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Sevilla

En la campaña electoral de las elecciones del 28 de abril el núcleo central del debate fue la aplicación o no del 155 en Catalunya. Los tres partidos de la derecha española, que ya habían ensayado esa estrategia con éxito en las elecciones andaluzas del 2 de diciembre de 2018, en las que se habló mucho más de Catalunya que de Andalucía y en las que la bandera española se comió a la blanca y verde andaluza, volvieron a repetirla con más intensidad. El Tribunal Constitucional todavía no había hecho pública la sentencia sobre el 155 y, en consecuencia, los tres partidos de la derecha propusieron en sus programas una aplicación del 155 “sin limitaciones”. No el 155 “descafeinado” que activó Mariano Rajoy, sino un 155 “de verdad” y de manera indefinida. 

La respuesta del cuerpo electoral fue clara. El 155 no puede ser el programa del Gobierno de la Nación para Catalunya. De ahí que los partidos que proponían la aplicación de dicho artículo se quedaran en 147 escaños más los 2 de Navarra Suma. La mayoría aplastante de los ciudadanos rechazaron esa estrategia de la derecha. El 155 parecía que desaparecía del horizonte.

La mayoría aplastante de los ciudadanos rechazaron esa estrategia de la derecha. El 155 parecía que desaparecía del horizonte

Unos meses después esa misma mayoría  aplastante que rechazó el 155 no solamente no ha sido capaz de constituir un gobierno, sino que, además, el gran beneficiario de la misma, el PSOE, cuyo secretario general había concurrido a las elecciones del 28A como presidente del gobierno, gracias al éxito de una moción de censura aprobada por una mayoría absoluta de diputados que vieron revalidada dicha mayoría el 28A, ha “resucitado” el 155 en la campaña electoral del próximo 10 de noviembre. 

Sánchez ganó las elecciones del 28A contra el 155 que proponían las tres derechas españolas, y hace uso de ese mismo 155 con la finalidad de ganar las elecciones del 10 de noviembre. ¿Se ha visto alguna vez algo más absurdo? El presidente en funciones ha declarado que no hay ningún obstáculo para poder activar el 155 en tales circunstancias. Y hasta un dirigente tan razonable como Miquel Iceta ha declarado que el PSC estará como un solo hombre tras Pedro Sánchez si decide aplicar el 155. 

Una vez que la sociedad española dejó claro el 28A que la unidad de España construida contra Catalunya mediante la aplicación del 155, que era la propuesta de las tres derechas, es minoritaria, el presidente del gobierno “en funciones” le da un lugar de privilegio en el mensaje que transmite a los ciudadanos para el 10 de noviembre. 

Resulta difícil de entender, con la composición del Congreso de los Diputados resultante de las elecciones del 28A, que no solamente posibilitaba la formación de un gobierno progresista sin alternativa desde la derecha y, por tanto, con proyección para toda la legislatura, que no se aprovechara la ocasión. Pero menos todavía se entiende que se sitúe el debate de la nuevas elecciones en el terreno en que lo dejaron las tres derechas en la convocatoria anterior. 

¿De verdad cree el presidente del gobierno que en esas condiciones va a obtener el 10 de noviembre un mejor resultado que el que tuvo el 28A? El PSOE no puede pretender mejorar sus resultados electorales imitando la estrategia de las derechas contra Catalunya. No solamente no lo va a conseguir, sino que además se va a colocar en una posición más difícil para poder formar gobierno, en el caso de que la nueva composición del Congreso de los Diputados lo permitiera. 

Mi impresión es que las elecciones del 10 de noviembre van a ser unas elecciones fallidas. Cuando a los ciudadanos no se les puede explicar de manera inteligible por qué tienen que acudir a las urnas siete meses después de haberlo hecho y de haberse pronunciado de una manera bastante clara, es muy difícil, por no decir imposible, que la manifestación de voluntad del cuerpo electoral sea diáfana y fácilmente interpretable. La confusión en el procedimiento de convocatoria suele conducir a la confusión en el resultado. Y elecciones más confusas que estas del próximo 10 de noviembre son difíciles de encontrar.

España, definitivamente, es un país extraño.

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