ANÀLISI

Josep Lluís Trapero, el hombre que concentró las contradicciones del Procés

Trapero se encontró entre el independentismo y el Estado

Josep Lluís Trapero es el hombre que ha concentrado en él mismo todas las contradicciones del Procés soberanista. Este hijo del barrio de la Guinardera, en Santa Coloma de Gramenet, es un policía de carrera (el primer “pura sangre de los Mossos” según Ernesto Ekaizer) que, a pesar de no ser independentista, defendió a ultranza las competencias y el marco legal del cuerpo durante el Procés tanto ante los tímidos intentos de injerencia del gobierno de Puigdemont, que mandó a Joan Vidal de Ciurana para sondearlo, como de la ofensiva recentralizadora del Estado.

Trapero se encontró entre dos fuegos y maniobró con habilidad para sobrevivir, pero topó con el hecho de que el Estado profundo no practica la clemencia cuando se trata de la unidad de España. El teniente coronel de la Guardia Civil Daniel Baena y el coronel Diego Pérez de los Cobos no le perdonaron nunca su orgullo de mosso y que no quisiera ceder ante los requerimientos del ministerio del Interior. Trapero actuó con lo que podríamos definir como “lealtad federal” en un Estado que no lo es. Tampoco le perdonaban que hubiera convertido a los Mossos en una policía de primer nivel internacional a raíz de la gestión de los atentados del 17-A. Para la Guardia Civil y la Policía Nacional, los Mossos siempre habían sido una policía de segunda, y esos días de agosto se incomodaron.

La mala suerte de Trapero es que se convirtió, por haber actuado de forma profesional, en el héroe de los independentistas, y se llegaron a imprimir camisetas con su respuesta a un corresponsal extranjero que se quejó del uso del catalán en las ruedas de prensa: “Bueno, pues muy bien, pues adiós ”. Tampoco lo ayudó coincidir con Puigdemont en la famosa paella de Cadaqués en casa de Pilar Rahola.

Pero este mismo Trapero fue el que se puso a disposición de la Fiscalía el día 26 de octubre y el que ordenó que se preparara un plan para detener a Puigdemont y su Govern. ¿Héroe o traidor? El independentismo no ha acabado de hacer un diagnóstico común, a pesar de que la mayoría ha acabado por aceptar que no podía haber hecho otra cosa. Y el mayor se ha convertido en el mejor símbolo de la arbitrariedad judicial española.

El drama de Trapero

El drama de Trapero es que el mismo sistema que él siempre ha defendido, el imperio de la ley, es el que le ha hecho vivir un calvario propio de un estado totalitario. La democracia española lo ha tenido tres años acusado de rebelión y condenado a vivir en el ostracismo, en un autoexilio forzado. Y acusado por quienes hasta hace cuatro días, como Baena, eran compañeros en la hermandad de las fuerzas de la orden.

Pero es que Trapero era la pieza que necesitaban para cuadrar el relato de la rebelión, y no les ha importado mentir, manipular y ocultar información. El mayor ha sido víctima, irónicamente, de un macromontaje policial urdido desde las más altas instancias del Estado, y que solo la honradez y capacitación técnica del juez progresista Ramón Sáez Valcárcel han permitido desarticular.

Pero el mal ya está hecho. Ahora Trapero ya sabe que hay jueces, a los cuales él siempre ha servido, que lo querrían ver en la prisión. Que hay compañeros de la Guardia Civil y la Policía Nacional que querrían la desaparición de los Mossos. Ahora solo falta ver si las autoridades catalanas sabrán estar a la altura y valorar al hombre que, según la sentencia, solo intentó hacer bien su trabajo en una situación muy complicada.

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