Leed a Ferlosio, botarates

La calificación de "sabio" resulta exacta en el caso de Ferlosio

Rafael Sánchez Ferlosio, que murió el lunes a los 91 años, escribía en una lengua que la mayoría de los políticos españoles actuales no pueden entender. Esta lengua es el castellano (o español, como seguramente prefieren llamarlo ellos), pero llevado a un grado de riqueza, de sofisticación, de elegancia y de precisión que lo hace incompatible con la obscenidad cotidiana de sus proclamas, con la desoladora indigencia intelectual y humana de sus discursos, sus propuestas y sus intenciones.

Olvidan remarcar que el nacionalismo que más deploró y más combatió Ferlosio, porque le tocaba sufrirlo más de cerca, era el español

La calificación de "sabio", que muchos periodistas adjudican a cualquiera que llegue a viejo, resulta sin embargo exacta en el caso de Ferlosio: hermano de letras de otros disidentes como Agustín García Calvo o Juan Goytisolo, por la profundidad, el rigor y el alcance de su obra su importancia es equiparable a la de otros gigantes europeos como Guido Ceronetti o Tzvetan Todorov. Algunos gacetilleros que tampoco lo han leído ni sabrían leerlo, y que sólo saben hablar de oídas y en términos de "loor y prez de las letras españolas" (Ferlosio era mucho más que el premio Cervantes o el Nacional de las Letras, por supuesto) se apresuraban a destacar ayer, en sus obituarios, el hecho de que fuera un hostigador incansable "de los nacionalismos". Eso es cierto, y aún habría que añadir que muchos de sus textos atacan con una furia particular el patriotismo, una de esas emociones nobles en principio pero que mutan con extrema facilidad hacia planteamientos fascistas, antihumanos o, sencillamente, necios. Pero olvidaban remarcar que el nacionalismo que más deploró y más combatió Ferlosio, porque le tocaba sufrirlo más de cerca, era el español. "La españolez", como él lo llamaba. Exactamente este tipo de nacionalismo obtuso, agresivo, pijo y orgulloso de ignorarlo todo, de confundirlo todo, de despreciarlo todo y de mentir sobre cualquier cosa que hoy nos toca sufrir de nuevo, por descortesía del PP, de Ciudadanos y de Vox, y de no pocas tristes figuras del PSOE, empezando por la del fracasado ministro de Exteriores, Borrell. Tampoco entendería a Ferlosio, en caso de que lo leyera, el rey Felipe VI, que ayer hacía elogios sin tener en cuenta que elogiar a Ferlosio equivale a refutarse a sí mismo y a su manera de entender la institución que representa. Todos ellos harían bien en leer algunos de los volúmenes de los ensayos del autor, tal vez empezando por 'La hija de la guerra y la madre de la patria' (publicado, como muchas de sus obras, por Destino).

La obra ensayística completa se encuentra publicada por Penguin Random House en cuatro volúmenes ('Altos estudios eclesiasticos', 'Babel contra Babel', 'Gastos, disgustos y tiempo perdido' y 'Qwertyuiop'), de lectura absolutamente recomendable para todos, menos para los mencionados. Porque Sánchez Ferlosio es un escritor exigente, pero no abstruso: al contrario, leerlo siempre es un placer. Sólo resulta incomprensible para aquellos que se empeñan en vivir con la cabeza cerrada y el corazón podrido.