En la línea del frente

Triste y alegre la vida, nos cantaba Iñigo Muguruza contra toda tormenta

"Bizitza triste eta ederra"

Iñigo Muguruza

Estaba muy tentado de responder al consejero Damià Calvet de Junts x Cat a propósito de la última cumbre del G-7, del artículo que escribió en estas páginas -un diario abierto, dicen, es un país debatiendo consigo mismo- y de si, desde de posiciones tan antagónicas, podíamos llegar a un diagnóstico común sobre el resultado, ya magro y desolador -y previsible-. Él escribió que mientras otros protestábamos 'in situ' y a pie de calle, él esperaba que saliera una agenda climática y social, que, como es sabido, nunca apareció en ninguna parte y continúa brillando por su vergonzosa ausencia. Protestar es también, seguramente, una forma activa de esperar, moviéndose para que algún día algo cambie. En cambio, no me atrevería a decir que esperar a secas, sin más, sea ninguna forma de protesta, presión o demanda. En todo caso, ninguna agenda democrática ni ecológica ni social ha salido del fortín militar y militarizado que blindaba el clan feudal y plutocrático del G-7 en Biarritz. Ninguna. 'Verba volante, el acta permanente'. Y entonces qué?

Estaba muy tentado, sí, y me parecía imprescindible abrir el debate, pero lo urgente nunca deja paso a lo importante y las malas noticias siempre se cuelan, sin epidural y de forma intravenosa, como una bofetada y un golpe de puño en boca de estómago. Esperanza de vida en nuestro país, datos de esta semana: doce años separan los arrabales de los barrios pobres de los bunkers de los barrios ricos. 4.380 días más para pocos, 4.380 noches menos para muchos. Además, otra estadística del Banco de España escupiendo en la cara sin ninguna sorpresa: los jóvenes de 30 años de hoy ya viven peor que los jóvenes de 30 años hace sólo una década. Las falsas promesas pasadas -fantasía contra realidad- declinadas en retroceso cierto e involución presente.

Esperanza de vida en nuestro país, datos de esta semana: doce años separan los arrabales de los barrios pobres de los bunkers de los barrios ricos

En Twitter, Pedro Vallín, caústico - "De Todas las técnicas de carterista de transporte público, esta es la más sofisticada y eficiente" - con un enlace drástico: la Comunidad de Madrid -parada fiscal endógeno para algunos- regaló 955 millones a los más ricos, bonificándoles el 100% del impuesto del patrimonio. Desconozco si alguien de los Pujol Ferrusola entraba en la oferta: lo digo porque alguno de ellos también trasladó sedes y empadronamientos en Madrid por dumping en impuestos, cuando la patria es la pela y la bandera, de conveniencia. En todo caso, sumen ahora el paleoneoliberalismo de Vox en la gobernabilidad madrileña y preparémonos contra la distopía que urden, extraña mezcla entre Benito Mussolini y Milton Friedman. Orden para la seguridad de los negocios, que significa desorden caótico para el resto de mortales. Mientras tragamos, sin dar crédito, la enternecedora paradoja que ahora resultará, en plena paranoia securitaria obsesiva, que fue el segurísimo Tribunal Supremo quien impidió en 2017 la última reforma endurecedora -tan inútil como la penúltima- contra los rateros multirreincidentes, casi tan antiguos como las Ramblas.

Tenía la urgencia de responder imperiosamente al consejero, sí, pero el nihilismo político volvía a colarse, con Inés Arrimadas probando de nuevo de hacer boxeo con TV3 y de ser una pésima copia de Vox. Enseguida, sin embargo, leí un tuit de Víctor Amela: "Mañana hace dos años... La mitad de los catalanes despreciaba a la otra mitad". Si la premisa fuera cierta y le comprara el relato, sólo le diría -dialécticamente y sin pretensión de "y tú más"- que la otra mitad del hemiciclo hacía exactamente lo mismo: negar la voluntad de la mayoría de la cámara -convocar un referéndum- con la desigual sombra de Zumosol - todo el aparato judicial y policial del Estado-, que ya tenía a punto porras y cárceles. No llamar al autoengaño es una divisa loable y necesaria, pero sólo si asumimos que tiene la santa virtud universal que sirve, exactamente, para todos los relatos. Paradoja: si un 48,5% no es suficiente en términos de legitimidad democrática, ¿cuando lo es que el mantenimiento del statu quo en Cataluña se aguante con un 43% (autonómicas de 2017, estatales del 2019), un 37,7% de (europeas de 2019) o un 36% (municipales de mayo)?

La diferencia resolutiva, tal vez, es que el 80% de la sociedad catalana está a favor de un referéndum y en contra de exilios, cárceles y amenazas

La diferencia resolutiva, tal vez, es que el 80% de la sociedad catalana está a favor de un referéndum y en contra de exilios, cárceles y amenazas decretadas contra lo que significa, aún hoy, la mayoría parlamentaria. Añadiría también que los días prometeicos de septiembre de hace dos años no fueron más que una imposición inversa: era la única vía que nos dejaban para poder garantizar urnas el primer día de octubre, de la misma forma que desobedecer abiertamente, a cara descubierta y pie de calle, fue la única forma que el Estado habilitó para poder votar. Prometeo, es sabido, robó el fuego a los dioses y lo que le agradecemos no es que robara, sino que pudiera llevarnos la llama para compartirla. El 7 de septiembre tiene algo prometeico, sin duda, bajo un Estado que programa la desmemoria y el silencio y hace del olvido y la sumisión una orden militar.

Triste y alegre la vida, nos cantaba Iñigo Muguruza contra toda tormenta. Nos dejó ayer, antes de tiempo y como un zarpazo. Si algún día algún juez supremo investiga y rastrea quién demonios es el responsable primero de todo -de tantas disidencias, de tantas resistencias- debería mirar hacia la plaza Moscú de Irun. Kortatu, Negu Gorriak y Joxe Ripiau nos invitaban a dudar cuando nadie lo hacía - "hay algo aquí que va mal" -, nos hablaban de los mundos que nunca salían en la televisión - "batallas que no puedes encontrar en los mapas"- y nos convocaban a la línea del frente - "en la calle, que ya es hora"- para abrir las mismas alamedas que Allende soñaba.

Convocatorias, batallas, canciones. Que las malas noticias no tapen las buenas -ni viceversa, que interactúen- y que sigamos abriendo por abajo -la otra agenda cotidiana- lo que pretenden cerrar por arriba. Más libros más libres, hoy comienza la Semana del Libro en Catalán; Martes -mientras Salvini no les deja entrar y Sánchez no les deja salir- las instituciones de este país reconocerán a Carola Rackete y Oscar Campos, rostros de Sea Watch y Open Arms, para salvar vidas en medio de tanta muerte; el miércoles - "¿Irás a la mani? Claro que iré, me sobran razones y no tengo ninguna excusa" - unos muchos saldremos a la calle -incluso contra cierto desencanto y demasiada perplejidad-; el 27 de septiembre hay convocada huelga global por el clima, y a finales de octubre vuelve la Feria de la Economía Solidaria de Cataluña. Cuando el lunes flotó el 'Tsunami Democràtic' consulté el 'Diccionario de Geología' del IEC: "Ola libre transoceánica muy potente, de gran período, de gran velocidad de propagación y de gran longitud de onda, imperceptible a mar abierto; es producida por una conmoción". Y me pareció que leía un programa político y social de reconstrucción de todo lo que pretenden devastar. O, dicho de otra forma más sencilla y ocasional, para contraparafrasejar a Cayetana Álvarez de Toledo, en el centenario de la huelga de La Canadiense, sí, siempre y aún: arriba los parias de la tierra. Nos vemos en la calle, Iñigo.

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