Cuidar durante la pandemia, ese problema privado

La nueva normalidad se superpone a la vieja acentuando sus contradicciones

La crisis del coronavirus se ha convertido en un foco que ha iluminado de manera brutal áreas problemáticas en nuestra sociedad. Esto ha sucedido con el cuidado de niños y dependendientes aunque no ocupe a penas espacio en las preocupaciones de la política institucional. Si ya era difícil para las familias teletrabajar con los niños en casa, con la vuelta paulatina a los trabajos y los centros educativos cerrados, se agudiza la disyuntiva. La nueva normalidad se superpone a la vieja acentuando sus contradicciones. 

Para muchas familias y sobre todo para las monomarentales –se calcula que son unos dos millones en el estado español– trabajar y ocuparse de los suyos ya era extremadamente difícil antes del coronavirus. Hoy, en plena situación de excepción esta cuestión a penas ni se nombra porque se sigue considerando un problema individual y no colectivo. Lo que llamamos crisis de los cuidados en nuestro país se ha solucionando tirando de abuelos y del trabajo barato de mujeres migrantes, fundamentalmente latinoamericanas. Y no es casual que sea barato, es producto de las fronteras y de un régimen laboral “especial” por el que las trabajadoras domésticas no tienen los mismos derechos que el resto. Pero hoy los abuelos son grupo de riesgo y no deberían tener que ocuparse de niños y no todas las mujeres trabajadoras pueden permitirse contratar a otras. Una vez más son las mujeres las que, ante la necesidad de volver físicamente a sus trabajos, están pidiendo excelencias, reduciendo jornadas e incluso renunciando a sus empleos, lo que las empobrece y las vuelve más dependientes de los salarios de maridos y familiares. Es algo recurrente, en todas las crisis, ya sea por la contracción del Estado del bienestar o porque se deje de lado la cuestión de los cuidados como ahora, la situación de las mujeres empeora. 

Como ya sucede habitualmente, ni el Estado ni las empresas se están haciendo cargo de una cuestión que debería ser central para la sociedad, porque criar niños, es reproducir la vida, pero también producir trabajadores. Una de las lecciones fundamentales del feminismo es que la subordinación de las mujeres se produce precisamente para permitir la apropiación de este trabajo gratuito. Para ello tiene que parecer que es natural, que se hace “por amor” y que solo cuenta como trabajo cuando se hace para otros, no para la familia de una misma. 

Hoy, más que nunca, es imprescindible pues que los cuidados sean considerados cosa de todos. En Cataluña, al contrario que en el resto del Estado, se abrirán las escuelas y guarderías para que puedan asistir los niños de forma voluntaria a partir de un año. El conseller de educación, Josep Bargalló, habla de “emergencia comunitaria”. Tiene razón. La emergencia, además, es continua. En el corazón de la cuestión sigue latiendo la necesidad de un replanteamiento general del ámbito de los cuidados para que sea una responsabilidad de toda la sociedad y para que cuidar no tenga como ahora, un altísimo coste para la vida y la autonomía de las mujeres.

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