La flor del desierto

Giacomo Leopardi encarna en su persona una singularísima aventura intelectual

Como Mozart, Keats o Schubert pertenece a la constelación de artistas que aun habiendo muerto jóvenes han dejado tras ellos una obra descomunal. Giacomo Leopardi, además de ser uno de los más fundamentales poetas modernos, encarna en su persona una singularísima aventura intelectual. Los Cantos, la obra poética reunida en vida por el propio Leopardi, son un monumento complejo en el que se reúne lo épico y lo lírico, la introspección subjetiva y el ánimo de alcanzar una expresión universal. Algunos de sus poemas parecen ya imprescindibles para entender la naturaleza humana. La retama, por ejemplo, donde adquiere máxima tensión el desamparo trágico y el heroísmo. O El infinito, acaso su poema más conocido, donde convergen la contemplación, el asombro, el temor y también los instantes de salvación a los que puede asomarse el ser humano.

En su momento los Cantos me deslumbraron. Pero lo que más me sorprende en el conjunto de la obra de Leopardi es ese extraño libro, inclasificable por completo, el Zibaldone: miles de páginas a través de tres lustros, desde que tenía 17 años hasta que cumplió los 32. No creo que haya otro libro parecido en la historia de la cultura. Encerrado en la biblioteca paterna, en la pequeña ciudad pontificia de Recanati, el solitario Leopardi, todavía adolescente al principio, emprende una titánica lucha por construir un pensamiento y una épica propios.

Ningún aspecto de la vida queda excluido del Zibaldone. La voracidad espiritual del joven Leopardi contrasta con su fragilidad física. Si tenemos en cuenta este aspecto la lectura del extensísimo libro aún se hace más absorbente puesto que su autor nunca busca justificar sus debilidades y carencias, apostando bien al contrario, por un vitalismo contagioso. Y esta paradoja refleja el talante del poeta: pocos escritores han sido tan pesimistas como Leopardi pero pocos han sido tan lúcidos al reivindicar que incluso en los desiertos más áridos acaba apareciendo misteriosamente una flor.

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