Infierno sin paraíso

Si un escritor ha sido controvertido, y detestado por muchos, ha sido Louis Ferdinand Céline

RAFAEL ARGULLOL
RAFAEL ARGULLOL

Si un escritor ha sido controvertido, y directamente detestado por muchos, ha sido Louis Ferdinand Céline. Antijudío, colaboracionista, traidor, Céline es uno de los ejemplos más repetidos cuando se alude al contraste entre arte y vida. Porque ningún amante de la literatura puede negar que el "siniestro" Céline es autor de textos admirables y de una de las obras maestras de la novela del siglo XX, 'El viaje al final de la noche'. No es contradictorio: a nadie se le exige admirar al personaje aunque su obra sea admirable. En este sentido, por supuesto, no estoy de acuerdo con cierto moralismo contemporáneo que exige condenar las obras de autores condenables.

Por otro lado, Céline era perfectamente consciente de su propia condenación y sus protagonistas son siempre seres sin esperanza. Desde esta perspectiva su nihilismo es brutal y aparentemente absoluto. 'El viaje al final de la noche' es un peregrinaje por el infierno en el que no cabe esperar, al otro lado del túnel, un paraíso y ni siquiera un purgatorio. Bardamu, el protagonista, va descendiendo de círculo en círculo al fondo de la misantropía y de la desesperación. El hombre sería el gran culpable a no ser que se ignorara la todavía superior culpabilidad de la naturaleza. Céline dibuja un universo patológico.

Sin embargo, lo dibuja con tanta maestría que con frecuencia produce en el lector el efecto opuesto al que parece buscar. Hay una extraña luz en tanta oscuridad. Y la intuimos a través de una ironía negra, salvaje, que en lugar de hacernos odiar lo humano nos hace adentrarnos compasivamente en nuestra propia fragilidad como hombres. Y es que en el lenguaje desgarrado de Céline -un auténtico revolucionario en el uso literario del idioma- reconocemos algo de nuestro propio itinerario por el lado oscuro de las cosas. Céline es duro, antipático, cortante pero simultáneamente tiene algo entrañable, casi delicado. Aparenta no querer esperar nada y, al mismo tiempo, tiene la secreta disposición del que lo daría todo por un poco de esperanza

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