COMPAÑEROS DE VIAJE

De la inocencia y de la seducción

RAFAEL ARGULLOL
RAFAEL ARGULLOL Escritor y profesor de humanidades en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona

M

uchos escritores desarrollan estilos bien distintos a lo largo de su trayectoria literaria pero recuerdo a pocos que tengan una tan nítida diferenciación entre dos etapas como Henry James. Buena parte de la obra de James está dominada por un lenguaje directo y conciso; sin embargo, a partir de determinado momento, el escritor neoyorquino, ya afincado en Gran Bretaña, se inclina por una expresión más sinuosa, compuesta con frases largas, muy barroca, incluso en exceso. Al parecer esta última fase coincide con la contratación de un amanuense al que Henry James dictaba las obras. Esta oralidad que, en principio, debería llevar a un estilo más directo, en James condujo a un estilo más indirecto quizá porque el escritor, que tendía a tartamudear, combatía el tartamudeo con un habla reposada y muy meditada. 

Sea como fuere el gran maestro del realismo psicológico del período victoriano fue desplazándose paulatinamente hacia una literatura fantasmagórica y onírica. Henry James es quizá el escritor anglosajón que en mayor medida ha realizado una mirada complementaria sobre las dos orillas del Atlántico. El contraste entre Nuevo y Viejo Mundo es, a menudo, el choque entre la inocencia, la bondad y la incultura norteamericanas y el refinamiento y la experimentada astucia de los europeos. En 'Las bostonianas', 'Washington Square' o 'La otra vuelta de tuerca' James hace una demostración exhaustiva de su fino olfato psicológico. 

No obstante, a pesar de reconocer su valor como espectador privilegiado de una sociedad que se encaminaba hacia su decadencia, tengo preferencia por el James fantasmagórico, el de los héroes ambiguos que se mueven en la incierta luz del claroscuro. Mi relato favorito, aunque no sea de los más conocidos de su autor, es 'El banco de la desolación', una historia en la que todo es interpretable en múltiples direcciones y que deja al lector en plena libertad de opinión. 

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