COMPAÑEROS DE VIAJE

Los ritos de la verdad oculta

Una gran mayoría de argumentos de nuestra historia literaria proceden de la tragedia griega

Una gran mayoría de argumentos de nuestra historia literaria proceden, directa o indirectamente, de la tragedia griega. Sería asombroso comprobar hasta qué punto hemos sido deudores de las reflexiones sobre la condición humana realizadas a lo largo de poco más de medio siglo. Esquilo y Sófocles fueron, quizá, los poetas más puros de la tragedia mientras el último de los tres grandes clásicos, Eurípides, es el que probablemente más motivos ha aportado a la literatura moderna, en parte por ser el más inclinado a mostrar las reacciones psicológicas de sus personajes. Eurípides nos parece teatro moderno, espejo de nuestros individualismos, en tanto que Esquilo y Sófocles son más atemporales, reacios al sentimentalismo y al exceso emocional. Tal vez por eso los prefiero aunque reconozca la grandeza de Eurípides.

De este último tengo predilección por 'Las Bacantes', una obra singular en el conjunto del teatro griego porque desvela, en parte, la esencia de la tragedia al hablar de los ritos y festejos dionisíacos. Desde Aristóteles hasta Nietzsche se ha creído que el misterioso origen de la tragedia se remontaría a las ceremonias de culto dedicadas a Dionisos, un dios extranjero, bárbaro, que había penetrado poderosamente en la conciencia de los antiguos griegos. Aún hoy, al pie de la Acrópolis de Atenas, se puede contemplar, bien conservado, el Teatro de Dionisos, donde se celebraban los certámenes trágicos. Eurípides, en 'Las Bacantes', habría hecho una suerte de autorretrato de la propia tragedia ática.

Pero, además, 'Las Bacantes' es la puesta en escena de una subversión radical, con la sustitución de lo solar por lo nocturno y del poder patriarcal por el dominio, si bien fugaz, de las mujeres. Eurípides es audaz porque se atreve a representar, aunque sea como excepcionalidad, un "mundo al revés" cuya libertad atrae en la misma medida que asusta. Y esta transgresión tiene tanta fuerza que incluso hoy nos obliga a enfrentarnos a la dura verdad de lo que ocultamos.

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