Tiempo de mesas de diálogo

Se abre un nuevo tiempo que reconfigurará inevitablemente el mapa político catalán

Brindé por la salida de M. Rajoy del gobierno, es cierto, pero sin alegría. Es tan miserable la política y la vida social españolas que tuve que alegrarme de que Pedro Sánchez, que tan poca confianza me merecía, llegase al gobierno.

Más verdadera que mi alegría es el abatimiento de los jactanciosos seguidores de esta derecha posfranquista. Pero la medida de su enfado debe hacerme ver el tamaño de su derrota y debo comprender que me debo alegrar y estar atento a cualquier signo de esperanza. Hay que alegrarse, la derrota de M. Rajoy era imprescindible para que la política española se moviese.

Pedro Sánchez es un político ambicioso y puede ahora defender hoy una cosa y mañana otra y, desde luego, es un defensor de los intereses establecidos en la corte, nadie lo dude, pero en su breve carrera política ha demostrado dureza con sus rivales políticos internos y resistencia para soportar innobles ataques de dentro de su propio partido. Infravalorarlo es un error.

Como sería absurdo ignorar lo que el mundo ha visto: la sociedad española tiene unas cosas buenas y otras malas, pero el Reino de España es ese estado que lanzó la violencia contra población civil desarmada, que preparó una ocupación militar de las instituciones, las calles y el territorio catalán y que de hecho lo ocupó y saqueó. Por mucho que los medios de comunicación de la corte entonen nuevas melodías pastoriles, debajo de los ropajes institucionales de las instituciones democráticas los poderes de la corte siguen siendo autoritarios y militaristas y la población reproduce los comportamientos y la cultura cuartelera de sus padres y abuelos. Las horas transcurridas entre el M.Rajoy obsceno, chulesco e impune y la llegada de un Pedro Sánchez que se muestra comedido y cauto no cambian mágicamente esa realidad social e histórica española.

Y aún así… Aún así hay que alegrarse. Sánchez tiene la suerte de que el PP y PNV le dejaron aprobados unos presupuestos, así no tendrá que negociar a muchas bandas. Como no podrá tomar, suponiendo que quisiese, grandes decisiones económicas, se centrará en medidas estéticas y éticas que no cuesten mucho dinero. De entrada le quitará un par de horas a la asignatura de religión obligatoria y cosas por el estilo.

La sociedad misma transformará un sistema político configurado para la resistencia en el que se necesita para un nuevo tiempo de movilización y negociación

Sánchez es un interlocutor real. La prueba de que es una nueva época es que el primer reconocimiento y felicitación le llegó del gobierno alemán. Alemania estuvo de vacaciones mientras se desarrolló un ataque incivil al Principado, a los mandos de la Unión estaba un señor con una copa de vino en la mano, pero Merkel ha vuelto, harta de tratar con franquistas en general y con M. Rajoy en particular.

No se debe olvidar lo imperdonable. Lo que el Estado hizo antes, durante el 1 de octubre y después, los heridos, multados, presos y exiliados, la extrema derecha española en las calles catalanas, es imperdonable, merece castigo, y no debiera olvidarse, es inolvidable. Hay un antes y un después después de ese conocimiento del rostro del Estado y también hay un trauma que habrá que elaborar durante mucho tiempo. Quien entone la cancioncilla de olvidar el pasado y pelillos a la mar niega el legítimo derecho a la memoria a las personas ofendidas a cambio de humo. Deseamos que en los próximos meses presos y exiliados vayan recuperando sus vidas robadas y que fiscales y jueces que hayan prevaricado sean procesados y ocupen las celdas de los presos políticos, nuestros deseos serán frustrados.

Ni siquiera es razonable esperar que la corte se moleste en conocer de verdad a la sociedad catalana, mucho menos ofrecer otra cosa que no sea tolerancia desde posición de fuerza. Sin embargo es una oportunidad para respirar y poner sobre la mesa democrática cualquier demanda, veremos de forma inmediata sentados en la Moncloa a Sánchez y Torra conversando sonrientes. Así debe ser. Pero esa foto de aparente normalidad entre un presidente del gobierno español y un presidente autonómico no reflejará una realidad nueva: una parte cuantitativa y cualitativa de los catalanes ya se marcharon para siempre de la comunidad autónoma y una parte de su vida ya la hacen dentro de una nueva realidad política, una república catalana que aún no existe. Y no desaparecerán ni esas personas ni su demanda.

Se abre un nuevo tiempo que reconfigurará inevitablemente el mapa político catalán. La sociedad misma transformará un sistema político configurado para la resistencia en el que se necesita para un nuevo tiempo de movilización y negociación. Y cada partido y cada dirigente tiene que encontrar su lugar en una estrategia de país, de nación. Los de dentro y los de fuera, los que corrían y ya no corren y los que no querían correr tanto y ahora no quieren pisar freno tienen que entenderse. Porque por delante vienen mesas de diálogo y negociación con este estado, que es el que hay.

 

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