Profetas de la sumisión

Lo peor de ser pobre es que te pasas la vida dando explicaciones o reclamaciones

Hace unos años tuvimos una decepción intelectual. George Steiner, un crítico y teórico literario que seguíamos con interés desde hacía años y que se inscribía en la mejor corriente de la tolerancia y la abertura hacia las diferencias soltaba un exabrupto intelectual, una burla de las culturas y lenguas sin estado.

En concreto, en el periódico El País se hacía eco de algo que le habían contado: que era obligatorio hablar gallego en una universidad gallega. A continuación el entrevistador afirmaba: “igual que es obligatorio en Cataluña compartir el catalán con el castellano”. Entonces Steiner le contestaba: “¡Pero no me compare el catalán con el gallego! El catalán es un idioma importante, con una literatura impresionante. Pero el gallego ¿por qué ha de ser obligatorio en una universidad?"

Hay estados que actúan como garantía de las libertades y hay estados que las persiguen

Lo peor de ser pobre es que te pasas la vida dando explicaciones o reclamaciones. Nos tocaba explicarle a ese buen hombre que no es cierto lo que le contaron, que era obligatorio hablar gallego en ninguna universidad gallega, a diferencia de lo que ocurre en las universidades castellanas con el castellano, e informarle de que la literatura en lengua gallega es una parte importante del patrimonio europeo desde la Edad Media y si bien es cierto que bajo el yugo del reino castellano su escritura fue proscrita, renació a partir del siglo XIX siguiendo las corrientes culturales y estéticas europeas de su tiempo. Steiner comprendió que había caído en una trampa intelectual que le habían tendido quien lo malinformó y quien lo entrevistó y pidió disculpas al leer nuestras réplicas e incluso ofreció inmediatamente a una editorial gallega la edición de una de sus obras como gesto de verdadera disculpa. Su reacción fue ejemplar, la propia de un intelectual valiente que sabe que su deber no es repetir tópicos sino luchar por la verdad y en esa lucha a veces hay que encajar golpes y verdades. Lo despedimos con pena.

Y es que la “inteligentsia” española, quitadas las excepciones, mantiene un discurso simplemente mentiroso para justificar y defender el actual estado de cosas, las actuales relaciones de poder ventajistas por parte de una cultura de estado castellana sobre culturas que carecen de estado pero están bajo su dominio. Disponiendo, del estado y los medios de comunicación madrileños y los medios provincianos de “sus” provincias reproducen su ideología y mantienen en el engaño a quien los lea o escuche. Quienes predican contra banderas y fronteras suelen hacerlo en castellano y disfrutan del calorcito que proporciona tener un estado y que la competencia no lo tenga.

Los estados conservan su capacidad de proteger o oprimir a la población y también de crear ideología que los justifique, los estados son realidades y también magia. Y los intelectuales, esos brujos, precisamente son fabricantes y difusores de ideología, suelen pensar a través del prisma de los estados. Y la ideología que emana de los estados es, antes de nada, su legitimación. Los intelectuales suelen legitimar los estados existentes por su propio interés: su posición pública y profesional depende de lo establecido y nadie quiere caer en la indigencia y en ser ignorado.

En noviembre del pasado año un intelectual llegado de París, Piketty, presentaba un libro en el que formulaba: “Pienso que hay una parte del movimiento independentista catalán a la que debemos analizar como un egoísmo fiscal de personas más ricas que la media”. Como es habitual, la prensa madrileña hizo noticia de ello. Dos meses después en una entrevista en este diario el propio Piketty matizó su afirmación y pidió disculpas, “me disculpo con los independentistas progresistas y de izquierdas si no los he escuchado y leído bien”. Como es habitual, la prensa madrileña no hizo noticia de esta disculpa.

El argumento previo de Piketty es el que maneja el españolismo centralista para deslegitimar socialmente las reivindicaciones catalanas, en realidad el propio empeño de los catalanes en existir, “se creen y se quieren distintos porque son ricos y no quieren repartir con los pobres pobres”. Parece ser que los Florentino Pérez, los Domecq, Alba y demás son solidarios y comparten con los pobres españoles. Piketty, una vez que se ha informado mejor, se disculpa con los independentistas de izquierdas. Todo un juego de etiquetas. ¿Por qué con los de izquierdas y no con los que no son de izquierdas o “progresistas”, cosa inefable?

Todo son frivolidades intelectuales al servicio de lo establecido, para no cuestionar las relaciones de poder dentro de un estado hipercentralizado que tiene en su centro físico una agujero negro destructor que se alimenta de su entorno y lo vacía. Ideologemas vacíos que obvian los hechos. En Catalunya se dió una revuelta ciudadana pacífica contra un poder político obtuso y antidemocrático y ese estado autoritario reprimió con violencia a la población. De eso es de lo que hay que hablar. No es un asunto de izquierda y derecha, a esa rebelión cívica hubo quien llegó desde la izquierda o quien desde la derecha o de su casa porque se trata de lo más elemental: la democracia, la libertad de las personas y, también, de los pueblos. Porque no sólo existe el pueblo francés o el pueblo español, porque lo ordena esta constitución, también hay ciudadanías que voluntariamente se constituyen en pueblo cívico.

Lo que resulta ofensivo de esas frivolidades de técnicos de la política es el verdadero desprecio que encierran hacias las personas concretas, las personas agredidas por las policías, encerradas, multadas, perseguidas. No se trata de derecha o de izquierdas, de independentistas o dependentistas, se trata de los derechos y la dignidad de las personas concretas. De humildad y dignidad, de libertad y democracia. Y hay estados que actúan como garantía de las libertades y hay estados que las persiguen.