Paseando, ahora, por el Concilio Vaticano II: el acierto de la clarividencia

Mi última conversación con Josep Maria Benítez i Riera fue interrumpida por una gran cantidad de cuchicheos de los árboles, de los que sobresalía la palabra 'verdad'

Cuando se acerca la Pascua me apetece visitar a mi buen amigo Josep Maria Benítez-Riera, historiador de la cultura. Se ha convertido en una tradición reunirnos muy cerca del monasterio de San Cugat, precisamente en el 'bosco sacro'. Nuestra última conversación fue interrumpida por una gran cantidad de cuchicheos de los árboles, de los que sobresalía la palabra 'verdad'. Y muchas otras palabras de la antigua sabiduría. Me vino a la mente una de las consideraciones de Horacio: “¿Qué es lo que nos impide decir la verdad con una sonrisa?” ['Ridentem dicere verum quid vetat', 'Sátiras' 1,1,24]. Quise saber algo más del Concilio.

VGO: Aclarado lo que habría pretendido Batllori del Concilio, ¿qué me dices de las pretensiones del gran teólogo Hans Küng?

JMBR: De Küng me hiciste ver sus discrepancias. Una de ellas fue, inicialmente, su pretendida revisión de lo que se denomina dogma de la infalibilidad del Papa, tal como la definió el Concilio Vaticano I.

VGO: Perdona, pero esto también nos lo dijo uno de los participantes en nuestro libro '31 jesuitas se confiesan'. Tenemos publicada exactamente su respuesta: “El desmonte del dogma de la infalibilidad papal” ...y ¡no ha cambiado nada!

JMBR: Hablábamos de lo que pretendía Küng. Opino que defendía con firmeza, no exenta de petulancia, una “reforma radical” de la Iglesia. Desde su convicción de teólogo católico, con una fe personal explícita y comprometida, pero ilustrada, insistía en que el Concilio debería redefinirse en cuanto a contenidos doctrinales y por lo tanto “cambiar” mucho y empezar a reformar...

VGO: Estás diciendo realizar una serie de reformas, ¡difíciles de llevar a cabo sin cambios radicales de tipo conceptuales!

JMBR: Evidentemente. En el caso de la revisión teológico-histórica del dogma de la infalibilidad papal, él proponía potenciar la comprensión de la colegialidad episcopal, replantearse la función de los concilios. ¡Un cambio radical!

VGO: Küng habría querido replantear el dilema tan controvertido: ¿quién manda más, “el Concilio o el Papa?” ¿Quien posee la autoridad para fijar “la verdad”?

JMBR: En parte, sí. Por esto hay quien ha percibido en Küng el conflicto que él mismo, actuando como perito en el propio Concilio, vivió contra los teólogos inmovilistas, infalibilistas. Lo explicó años más tarde en sus Memorias.

VGO: La guerra entre el gran poder curial romano y el minoritario de los obispos y de los teólogos no curiales. Me acuerdo de los periódicos que nos informaban de las peleas entre conservadores y progresistas, “carcas” y “progres”. ¡Casi como siempre!

JMBR: Sí y no. Regresemos a Küng. Él pensaba en muchas reformas. La reforma del derecho para promulgar la libertad religiosa. También poner las bases para una reforma de la preceptiva moral, acentuando el papel “autónomo” de la libre conciencia de los cristianos. Creo que para Küng resultaba fundamental una gran reforma para favorecer la dignidad de la persona, dignidad que exigiría la igualdad de género y por lo tanto paridad de protagonismo dentro de la Iglesia de hombres y mujeres, incluso en sus ministerios, una reforma casi vehicular con una propuesta feminista católica de participación ministerial, incluída la pública...

VGO: Supongo, sin embargo, que no tiene nada que ver con la “participación” de las monjas durante la visita del Papa a la Sagrada Familia. Lavando altares y fregando...

JMBR: ¡Déjate de cuentos! Participación ministerial decíamos; ¡pública y litúrgica de verdad! Küng proponía una reforma de la dimensión carismática de la Iglesia, que debería modificar incluso el aula conciliar. Él alabó la propuesta del cardenal Suenens: “Tambien hay que invitar a mujeres como auditoras del Concilio, teniendo en cuenta...que son la mitad de la humanidad”. No me negarás que a Hans Küng no le faltaba clarividencia.

VGO: Creo que lo veía muy claro.

JMBR: También proponía alcanzar la “unidad” ecuménica... Y algunas propuestas reformistas más. Añadiría que basaba su proyecto o “sueño” conciliar en una convicción vivida por él personalmente: instaurar un dinamismo constante de una “Iglesia comunitaria”, semper reformanda, deseo quizá cercano al estilo reformador del pensamiento luterano. El teólogo Küng despreciaba a los acomodaticios “teólogos romanos”. Los consideraba conchabados para la defensa del poder “absolutista” de la Curia y del Papa infalible.

VGO: Con esto quieres decir que ambos aspiraban a que el Concilio propusiera una Iglesia nueva, no utópica como decía Batllori, sino una Iglesia fortalecida y renovada con una multidud de reformas clarividentes....

JMBR: Correcto, ¡unos aciertos clarividentes, pero demasiado atrevidos tal como pretendía el sagaz solitario Küng!

Mientras hablábamos nos invadió, de repente, una lluvia inverosímil. Fue tan arrolladora y potente que me vino a la mente una de las frases de Plinio que siempre me han gustado: “La contemplación de la naturaleza me ha convencido de que cualquier cosa que nos podamos imaginar no es increïble” ['Mihi contuenti se persuasit rerum natura nihil incredibile existimare de ea', Plinio, 'Historia Natural' 11,2]. Y aniquilados por la lluvia tuvimos que alejarnos de nuestro delicioso 'bosco sacro'.

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