LA BOLSA O LA VIDA

Si el negocio fuera suyo... / Govern en precampaña

Con tantos trabajadores desesperados, han provocado la ley de la selva

Si el negocio fuera suyo...

La epidemia pasó a pandemia en menos que canta un gallo. Era una cosa de la lejana Wuhan, que saltó a la Lombardía y, cuando aquí se quiso reaccionar, la oleada de contagios ya nos había pasado por encima. Se puede llegar a entender que las autoridades reaccionaran tarde y dando palos de ciego. ¿Qué gobierno, en el mundo, no se vio superado por el virus? La desorientación científica se extrapolaba a la improvisación permanente de quienes mandaban. El desbarajuste organizativo fue una pesadilla, el personal sanitario tuvo que jugarse la vida sin ni las protecciones mínimas y no hubo remedio para que las residencias no se convirtieran en la página más triste del siglo XXI. Quien más quien menos se hizo cargo de que la Tercera Guerra Mundial nos había sorprendido, en primavera, luchando contra un rival invisible. Ahora, sin embargo, estamos en otoño, han pasado ocho meses, y lo que no te tragas es que la gestión de nuestro gobierno continúe siendo deficiente, con decisiones a lo loco y con criterios poco profesionales. El escándalo de esta semana, con la manera de repartir los 20 millones de ayudas a los autónomos, es el colmo de la incompetencia. La consellera  Meritxell Budó ha pedido disculpas en nombre del Govern. De acuerdo, pero no es suficiente. De este episodio no preocupa tanto el colapso informático como haber pensado que la ayuda de 2.000 euros no sería para quien más la necesitara sino para los 10.000 que llegaran primero a la meta. Con tantos trabajadores desesperados, han provocado la ley de la selva. Si el negocio fuera suyo, seguramente habrían afinado mucho más a la hora de proponer la solución. Nos tienen fichados por todos lados. Saben lo que ganamos, lo que perdemos, lo que tenemos, lo que pagamos de impuestos –de los directos y de los indirectos– y entonces, en lugar de hacer un cribaje según las necesidades de cada cual, se hace un cálculo a ojo y ya te las arreglarás. Un día son los restauradores, otro día los autónomos... Si esto lo han hecho tan mal, ya temblamos pensando en cuando llegue la vacuna y todo el mundo quiera una.  

Govern en precampaña

El episodio de las ayudas a los autónomos ha evidenciado, también, un nuevo rifirrafe entre los socios de un ejecutivo en horas bajas y que ya no tiene ni ganas de disimular las fricciones internas. No solo los rivales políticos mojan pan en esta crisis en propia puerta. Llega un punto en el que da la impresión de que al Govern se le está haciendo tan larga la agonía que ya les va bien que se puedan quitar –metafóricamente– la máscara. Desde la inhabilitación de Quim Torra, ya no se sabe quién manda en un Palau que nos hemos dejado embadurnar de sangre y pintura. Hasta entonces intuíamos que mandaba Puigdemont y ahora, por culpa de la asquerosa filtración de las llamadas de Vendrell y Madí, sabemos que no íbamos desencaminados. Quizás lo de menos, a estas alturas de una legislatura perdida, ya son estos rifirrafes públicos entre ERC y JxCat. Un día son, con retórica de corbata, Aragonès y Tremosa. Otra mañana El Homrani y Budó. En el último episodio, los trastos por la cabeza se los han tirado Puigneró y El Homrani, el cromo que quizás sale repetido demasiadas veces. Da igual si es por la obligación del teletrabajo o por la manera de colapsar el sistema informático, la cuestión es jugar al gato y al ratón. Estamos en tiempo de gesticulación de cara a la galería. Se llega aquí por un poso de rencor histórico, por una dosis de incompetencia y, sobre todo, por un mucho de precampaña electoral. Ni los unos ni los otros tienen, todavía, candidatos oficiales. Tanto ERC como JxCat plantean unas primarias que llegan con las cartas bastante marcadas. De aquí a Navidad sabremos las cabezas de cartel y ellos tendrán sus minutos de gloria. Y, entonces, empezará la campaña de verdad. Parecerá que se digan de todo, pero no demasiado. Porque al fin y al cabo saben que, a partir del 14-F, tendrán la necesidad mutua de seguir siendo socios de un gobierno independentista. Ahora, entre ellos, está en juego quién gana las elecciones. Quien sea la primera fuerza pondrá al presidente. La partida es esta. 

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