Los socialistas y Cataluña

Existe un problema profundo que no sólo afecta a los dirigentes más periféricos del socialismo 

Cuando hace una semana la Asamblea de Extremadura votó aprobó, con los votos favorables del PSOE y la única oposición de Podemos, una nueva aplicación del 155 en Cataluña "de manera firme, con la amplitud y duración que se requiera, para frenar el desafío independentista", esperaba que el Gobierno de España llevara esta resolución al Tribunal Constitucional. No porque crea que esto sea materia de este tribunal, sino porque ese fue el criterio que defendió el PSOE ante la resolución, a iniciativa de los comunes, del Parlamento de Cataluña que pedía la abolición de la monarquía. Según los socialistas, esta resolución la hacía "una cámara parlamentaria, que al ser autonómica se extralimita en sobre funciones". Todo ello contra la misma opinión del Consejo de Estado, que entre todos están convirtiendo en un órgano progresista, pero con la admisión a trámite del Tribunal Constitucional. Siguiendo el mismo criterio no les quedaba otra opción que recurrir la resolución extremeña ante este mismo tribunal.

Evidentemente esto no ha pasado.

Pero la resolución de la Asamblea de Extremadura no se quedaba sólo en el 155. Defendía la monarquía como "símbolo de la unidad y permanencia de una nación milenaria", el abandono de la bilateralidad con Cataluña y la implementación del castellano como lengua vehicular en la enseñanza. Si aceptáramos, que sería mucho aceptar, que la nación española nace en 1492, entonces el milenario debería ser hacia 2492, y si situamos este nacimiento en el 1812, nos iríamos hasta el 2812. No sé si por entonces aún estaremos en pleno Procés o si todavía habrá alguien a quien se le ocurra apelar al 155 o siquiera existirá una Constitución, la del 78, que por irreformable en la fundamental acabará por caer a trozos. Todo es posible. En todo caso, tanto la aplicación del 155, ahora y antes, como la eliminación de la bilateralidad o del catalán como lengua vehicular son inconstitucionales. Ante esto, Miquel Iceta, con su habitual 'finezza', calificó la posición de la Asamblea de Extremadura de "poco elegante". Odón Elorza ha ido una poco más allá. En las redes ha afirmado que era "una declaración rancia de la derechona y de confrontación con el gobierno", y lo remató con un "hay que frenar la involución, nunca seguir su juego". Unas críticas a las que el dirigente socialista extremeño Guillermo Fernández Vara ha contestado diciendo que no querían una aplicación inmediata del 155 "porque si se hiciera sin razones los tribunales europeos podrían rechazarlo y sería muy grave". Sobran los comentarios, cuando lo que frena la voluntad de un dirigente socialista son los tribunales europeos. Pero todo esto sólo es el síntoma de un problema más profundo que no sólo afecta a los dirigentes más periféricos del socialismo.

La respuesta de Pedro Sánchez es muy sintomática del estado de confusión del socialismo español y de hasta qué punto su marco mental es el de la derecha

Uno de los titulares de la entrevista que le hizo 'El País' a Pedro Sánchez en la conmemoración de los 40 años de la Constitución decía: "A los independentistas no les importa el modelo de Estado, porque los independentistas siempre han actuado contra el ser de España". Y más allá de este 'ser de España', que supongo que conecta con la idea de la nación milenaria, en la misma entrevista, cuando le preguntan si apuesta por un modelo federal, dice tres cosas que son delirantes: a) que el federalismo está desacreditado por la experiencia de la II República Española; b) que a los "separatistas" de aquel período no les importaba la República, ya que ellos actuaban contra el 'ser de España' cuando declararon independencia; y c) que, de hecho, el estado autonómico ya es un Estado federal. Más allá de que en esta respuesta en realidad no propone nada para Cataluña, ni para España, sólo quedarnos donde estamos -es decir, en un Estado autonómico que hace aguas-, la respuesta es muy sintomática del estado de confusión del socialismo español y de hasta qué punto su marco mental es el de la derecha.

En realidad, y antes que nada, la II República no fue federal, era un Estado integral compatible con autonomías; por tanto, el problema del federalismo actual no es la imagen creada por el franquismo de la "república disgregadora". En segundo lugar, los "separatistas" del período que, según Sánchez, declararon la independencia, es decir, el presidente Lluís Companys, en realidad lo que afirmaron en octubre de 1934 fue el Estado Catalán dentro de la República Federal española. No actuaban contra ningún "ser de España", reclamaban en todo caso una España diferente; y cuando lo hacían era también en solidaridad con la huelga general, convocada por la UGT y el PSOE, y con la insurrección de los mineros de Asturias en octubre de 1934. De hecho, 'El Socialista', fundado por Pablo Iglesias en 1886, afirmaba, antes de aquel octubre, que "el verdadero interés republicano, nacional, defensor del interés colectivo de toda España, está hoy en Barcelona". Asimismo, el dirigente del PSOE Luís Araquistáin escribía justo en septiembre que "una Cataluña independiente, pero revolucionaria [...] nos inquieta menos que una Cataluña sin autonomía". No era una declaración aislada. Azaña, futuro Presidente de la República, afirmaba también en ese contexto: "Así como hoy Cataluña es el último bastión que le queda a la República, el Poder autónomo de Cataluña es el último Poder republicano que le queda en pie en España". Se podrá juzgar como se quiera, pero tendremos que convenir, como mínimo, que no sólo Companys actuaba contra el "ser de España"; siguiendo el criterio de Pedro Sánchez, lo hacía el propio PSOE, un criterio con el que Vox seguramente estaría de acuerdo.

Tendremos que convenir, como mínimo, que no sólo Companys actuaba contra el "ser de España"; siguiendo el criterio de Pedro Sánchez, lo hacía el propio PSOE

Pero, de todo esto, gran parte de los socialistas de España parecen haberse quedado con un discurso tan irrelevante en su momento, durante el debate sobre el Estatuto de 1932, como influyente en la clase política española actual. El de la 'conllevancia' orteguiana, en el que la cuestión catalana era un fenómeno "que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar" producido "por una misteriosa y fatal predisposición, el afán de quedar fuera, exentos, señeros, intactos de toda fusión, reclusos y absortos dentro de sí mismos", lo que no se daba en el caso español, ya que "no existía en nosotros ese sentimiento negativo, precisamente porqué estábamos poseídos por el formidable afán de ser españoles, de formar una gran nación y disolvernos en ella". Y es que esta "misteriosa y fatal predisposición" "es algo de lo que nadie es responsable; es el carácter mismo de ese pueblo; es su terrible destino, que arrastra angustioso a largo de su historia. Por eso la historia de los pueblos como Cataluña e Irlanda es un quejido casi incesante". Un problema, en definitiva, "fatigoso para los demás". Y la expresión más clara de la conllevancia hoy es hacer mil mesas bilaterales, pero no hacer la Mesa para hablar directamente del problema, pensar que Companys básicamente actuaba contra el "ser de España" y afirmar que el Estado autonómico es federal, que básicamente es lo mismo que afirmar que no hay que hacer nada, puesto que ya está todo hecho en ese "ser de España". Como dice Odón Elorza: "Hay que frenar la involución, nunca seguir su juego". Sí Odón, sí, hace falta.

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