PROCÉS SOBERANISTA

La CUP recupera la opción de celebrar un nuevo referéndum

El partido, que exigía implementar el 1-O, defiende la consulta como herramienta de desobediencia

La CUP estudia impulsar la celebración de un nuevo referéndum de autodeterminación, pero a diferencia de JxCat y ERC, que extienden la mano del diálogo, apuesta por volver a hacerlo de manera unilateral. Según ha podido saber ARA, la formación independentista ha decidido mover ficha delante del impasse que vive el procés y ha aprobado una nueva hoja de ruta con la desobediencia civil como bandera. Por eso se abre a la convocatoria de una nueva consulta “con la intervención de la comunidad internacional”, sin concretar los detalles.

Esta propuesta supone un cambio de posicionamiento de los cuperos, que hasta ahora habían reivindicado el mandato del 1-O para hacer efectiva la República. La CUP ha criticado durante toda la legislatura que JxCat y ERC no hayan implementado el resultado del referéndum y en el primer aniversario de la proclamación de la República les reprochó que hubieran malbaratado el “capital político, la fuerza y la legitimidad” del 1-O. De hecho, este fue el motivo que llevó a sus cuatro diputados a abstenerse en la primera votación de investidura de Jordi Turull (la segunda no se produjo porque lo aprisionaron) y a hacer lo mismo con la de Quim Torra.

El Supremo sostiene que Puigdemont puede ser candidato a las europeas

La nueva propuesta de la CUP para ejercer la autodeterminación pasa por una movilización “masiva y sostenida” que permita garantizar este derecho ante la “falta de valentía política y honestidad” de los dos grandes partidos independentistas, que considera que sólo buscan una “oportunidad de negociación con el Estado a medio plazo”. Con el convencimiento de que España no activará ningún mecanismo democrático para abordar la autodeterminación, los cuperos defienden la necesidad de impulsar una “insurrección democrática” que se plantee un nuevo referéndum, pero también la desobediencia a leyes estatales, huelgas generales, marchas populares o incluso la articulación de instituciones propias. Una insurrección que se debe construir desde la base y los municipios, pero con la implicación del Gobierno y el Parlamento, porque es sólo con una articulación a todos los niveles, creen, que se podrá hacer frente a la represión. En el documento aprobado en el último Consejo Político, el Secretariado Nacional defiende que el conflicto con el Estado se proyecte a nivel internacional poniendo el acento en cuestiones democráticas y en la voluntad de promover políticas sociales y no en factores identitarios.

Legislatura perdida

La CUP denuncia que el Govern, a pesar de la mayoría independentista en el Parlamento, no ha llevado a cabo una “acción política creíble en ningún sentido”. Aparte de no hacer avanzar el país hacia la autodeterminación, los anticapitalistas critican que el ejecutivo de Torra no haya sido capaz de plantar cara a la represión del Estado haciendo respetar la autonomía de la cámara catalana y garantizando los derechos de los diputados elegidos el 21-D ante el veto del Supremo a los presos y exiliados. Tampoco ahorran reproches hacia los dirigentes independentistas aprisionados por prometer la independencia en 18 meses y después contradecirse en el juicio diciendo que simplemente era una estrategia negociadora con el Estado.

Estratégicamente, la CUP considera que el independentismo debe ir más allá de los planteamientos de bloqueo o de denuncia del statu quo y pasar de las palabras a los hechos, y critica que el discurso maximalista del Govern no se traduzca en una práctica desobediente. Lo hacen sin rehuir la autocrítica por su seguidismo de las dos grandes fuerzas independentistas después del 1-O, que atribuyen a su debilidad, que contrastaba, apuntan, con el apoyo popular del que disfrutaba el ejecutivo de Puigdemont.

Escenario excepcional

Todas estas propuestas para ejercer la autodeterminación, la CUP las quiere plasmar en una candidatura en las próximas elecciones al Parlamento —que probablemente se celebrarán lugar después de la sentencia del juicio del procés— que se constituirá ad hoc para la siguiente legislatura. Una nueva plataforma política abanderada por la CUP que quiere recoger el máximo de apoyos y sensibilidades, pero que preferiblemente no tendrá la estructura de frente ni de coalición electoral entre diferentes partidos. Excepcionalmente, la formación independentista abre la puerta a recurrir a exdiputados en el Parlamento, aunque sus estatutos establecen de manera tajante que sólo pueden estar una legislatura.

La CUP plantea esta alternativa de gobierno para superar el escenario de estancamiento que, a su parecer, vive el movimiento independentista con el liderazgo de Puigdemont, que considera que ha llegado a “cierto agotamiento”. Muy críticos con la hoja de ruta independentista por haber menospreciado la represión del Estado contra el referéndum y la DUI, los cuperos subrayan la importancia de encontrar una salida a un nueva respuesta autoritaria del Estado, que apunta a que podría incluir incluso posibles ilegalizaciones preventivas. Con esta propuesta de ruptura la CUP quiere recuperar incidencia política después de obtener sólo cuatro representantes en el Parlamento el 21-D y pasar a la oposición posteriormente. Y, sin dejar de propugnar un ejercicio continuado de desobediencia, el referéndum, que para la CUP también era una pantalla pasada, vuelve a estar sobre la mesa.

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