LA CRISIS DEL PP

El paso al centro de Casado incluye ofrecer acuerdos puntuales a Sánchez

Para demostrar su giro, el popular propondrá al gobierno pactar sobre violencia de género

Serán los electores los que, en las próximas elecciones municipales, europeas y autonómicas decidirán si los convencen quienes dicen que ocupan el centro de la política española. Pero hasta entonces, el PP y Cs prometen una lucha encarnizada por convencer sobre quién es el auténtico centrista, el original, dejando de lado la paz que predominó entre ellos cuando sus energías iban contra los enemigos comunes: Pedro Sánchez y el independentismo. Pablo Casado ya ha decidido cómo escenificará y traducirá en medidas concretas el paso al centro anunciado el martes después de la derrota electoral del domingo: ofrecerá pactos puntuales a Sánchez, en la primera reunión que mantendrán el lunes, sobre importantes temas en los que pueden encontrar consenso, como infraestructuras, defensa, políticas para las personas mayores y violencia de género. Será la primera reunión con líderes políticos después del 28-A de Sánchez, que el martes recibirá a Rivera por la mañana y a Pablo Iglesias por la tarde.

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En el posible acuerdo sobre violencia de género es donde se expresa de manera más clara el giro al centro de Casado, que durante la campaña no hizo bandera de un tema delicado para el sector más conservador y próximo a Vox. De hecho, permitió que la cabeza de lista de Cataluña, Cayetana Álvarez de Toledo, cuestionara el cambio legal propuesto por el PSOE para que el consentimiento tenga que ser explícito para ser considerado como tal. Fuentes del partido explicaron este jueves, durante la celebración del Día de la Comunidad de Madrid en la Casa de Correos de la Puerta del Sol, este cambio de posición, aunque descartaron que el PP pueda abstenerse en la investidura de Sánchez. Serán, en cambio, benévolos con Cs si deciden finalmente un pacto de gobierno para evitar el poder de influencia del independentismo. En el PP creen que este pacto no sólo sería bueno para España, sino también para ellos, ya que tendrían la voz hegemónica de la oposición desde el centroderecha.

Casado niega las tres derechas

Casado insiste en el nuevo discurso en sus declaraciones públicas. “No hay tres derechas, sólo hay un centroderecha, como dicen nuestros estatutos. Lo que hay es una extrema derecha y un partido que se llamaba socialdemócrata y que se dedica a fichar candidatos del PP y el PSOE el mismo día que salen a las listas de los otros partidos”, dijo ayer Casado, calcando el discurso con el que marcó el nuevo giro al centro y apuntando directamente al cambio de partido de Ángel Garrido, expresidente de la Comunidad de Madrid con el PP que fichó por Ciudadanos en las listas europeas cuatro días antes de las generales. Justamente, Casado pasó por delante de Garrido, sentado en primera fila durante la entrega de premios del Día de la Comunidad, y evitó saludarlo en la imagen del día en las televisiones estatales. Después dijo que no lo había visto.

En declaraciones a La Sexta, Garrido insistió en que “en el centro sólo hay Ciudadanos”, un día después de asegurar que el cambio de estrategia sólo es una “operación estética”. Son ya diversas las voces de Cs que han salido a responder a Casado para dejar claro que harán lo posible para cerrarle el paso al centro que, entienden, potenció su subida de 32 a 57 escaños y, en parte, propició la estrepitosa caída del PP de 137 a 66 diputados, menos de la mitad que en 2016. En la misma línea que Garrido, el candidato de Ciudadanos a la presidencia de Madrid, Ignacio Aguado, quiso proteger el territorio que quieren ocupar: “No es creíble [el paso al centro de Casado]. Hace cinco días estaban ofreciendo ministerios a Vox y ahora dicen que miran al centro. Pues mire, el centro ya está ocupado”.

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Amenaza de Vox

Desde Bruselas también se pronunció el candidato a las europeas del partido naranja Luis Garicano, quien acusó al Partido Popular de “mirar hacia otro lado ante las violaciones de derechos humanos de su compañero Viktor Orbán”, primer ministro de Hungría y miembro del grupo popular en el Parlamento Europeo, que defiende una política migratoria muy restrictiva y que hace poco expulsó una universidad del país.

Las respuestas al PP por su nueva línea más agresiva con su competencia por el votante de centroderecha también llegaron ayer desde Vox en forma de amenaza. El portavoz del partido de ultraderecha en el Parlamento andaluz, Alejandro Hernández, pidió ayer a Casado que rectifique sus palabras acusándolos de ser “la derecha radical” si quería su apoyo a los presupuestos de la Junta de Andalucía. Aseguró que se trataba de “ofensas” que, sumadas a “incumplimientos”, les hacen plantearse no sentarse más a hablar con el PP. Fuentes de Vox, sin embargo, alertaban de que la agresividad con los populares será modulada por la necesidad de pactar para entrar en los gobiernos de algunos municipios y autonomías.

Las divisiones, en cualquier caso, en el centroderecha también empiezan a ser más visibles dentro del mismo PP, donde se ha desatado la pugna entre familias después de la gran derrota del domingo. En un intento de liberarse de responsabilidad por el resultado, Casado advirtió: “Desde hace ocho años perdemos apoyos electorales: por lo tanto, no es una cosa imputable a estas últimas elecciones generales”. La respuesta no tardó en llegar por parte del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, que expresó que es “desproporcionado” pensar que “la responsabilidad es de un equipo que sacó el doble de escaños que el actual”. Feijóo, uno de los responsables del nuevo giro al centro de Casado, alertó que con ciertas actitudes “el partido dejó de ser lo que era” y se mostró convencido de que, de cara a los próximos comicios, mucha gente se dará cuenta de que “es mucho más fácil convivir con los votantes del PP que con los votantes de la Falange, relacionando directamente Vox con el franquismo más radical y duro.

El nuevo mapa del centroderecha está tan lleno de espinas desde que no sumaron mayorías el domingo que incluso cuando Casado quiere atacar a Vox puede acabar tirándose piedras a su propio tejado. Es lo que pasó cuando recordó Abascal, ex del PP, que estuvo cobrando de los “chiringuitos” que tanto critica, cuando cobraba más de 84.000 euros al mes al frente de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid. Lo que pasa es que esta entidad fue creada por Esperanza Aguirre, que definió el desliz con humor. “Casado ha querido dar una patada a Abascal, pero en mi culo”, dijo Aguirre a La Sexta, poco antes de sentarse en su lugar en los actos de la Comunidad. Por cierto, justo al lado de Garrido, el tránsfuga criticado por Casado. Aguirre no tuvo ningún problema para charlar con él y, de hecho, ironizó sobre su persona en Antena 3: “Él siempre fue socialdemócrata, qué bien que ahora se haya hecho liberal”.

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