Crecen las voces críticas en Ciudadanos por la falta de espacios de debate interno

Miembros del partido defienden la necesidad de estar más abiertos a la discrepancia

"Este partido tiene que saber gestionar la discrepancia: no puede ser que se inste a largarse a cualqueira que exprese algun desacuerdo". Con esta reflexión, el líder de Ciutadans en Baleares y miembro del Comité Ejecutivo del partido, Xavier Pericay, abandonó a mediados de julio su cargo, sumándose a la sangría de dirigentes que en las últimas semanas han optado por irse de la formación naranja. El giro a la derecha de Albert Rivera ha sido uno de los principales motivos de la discordia. Varias voces de Cs, sin embargo, consideran que la crisis también ha expuesto una cultura de partido que tolera mal el debate interno y dificulta a los cargos electos la posibilidad de hacer propuestas y, en definitiva, "hacer política". Todas las decisiones de relevancia se toman en el Comité Ejecutivo de Madrid. También allí se analizan los resultados electorales del conjunto del Estado y se decide un rumbo estratégico unitario. En última instancia, además, Albert Rivera tiene poder sobre los integrantes del órgano, como ha demostrado recientemente ampliando los miembros que forman parte de la formación para incorporar a afines y diluir a los críticos.

Esta estructura férrea y completamente centralizada tiene consecuencias en las autonomías. Especialmente en Cataluña, donde los resultados del 28-A y el 26-M no han acompañado la mejora del partido en el Estado. Varias voces consultadas por el ARA expresan preocupación y desconfían de que la estrategia que funciona en Madrid sirva para Cataluña. El triunfalismo que Inés Arrimadas exhibió a principios de julio, cuando se reunió con los cargos electos catalanes y puso en valor el crecimiento del partido en España, choca con la inquietud que se respiraba la noche electoral en la sede del partido: Cs sólo ha hecho pactos de gobierno en cuatro municipios en Cataluña, y las generales dejaron a los cuadros catalanes con un sabor amargo, viendo cómo se quedaban lejos de las expectativas generadas por el éxito del 21-D. De cara a las próximas elecciones catalanas, crece internamente el convencimiento de que perderán peso en el Parlamento.

La organización de Cs es vertical hasta el punto que es habitual tener que hacer una pequeña entrevista o encuentro con el coordinador de la agrupación municipal para poder afiliarte al partido, según confirman varias fuentes. Este primer cribado -una manera de frenar la entrada de perfiles problemáticos al partido- es también un primer mecanismo de control de las bases, que tienen prohibido por estatutos manifestar discrepancias "graves contra la ideología, los principios o las finalidades del partido".

Pactos "limitados"

Algunos ex concejales afirman que se han visto limitados debido a la política de Cs de evitar a toda costa los pactos con los Comuns o los independentistas. Es el caso de Carlos Méndez, que abandonó Cs para entrar como concejal no adscrito al gobierno de Viladecavalls con  Treballem Junts per Viladecavalls y el PSC. "Entiendo el veto a JxCat, pero en pueblos tan pequeños es muy difícil trabajar sin llegar a pactos", explica. "No se nos debería impedir mientras, en paralelo, se permiten los acuerdos con Vox en España", añade, y reivindica que "hay que entrar en los gobiernos locales porque es la única manera de crecer en los municipios".

Actualmente, la formación cuenta con 3.754 afiliados en Cataluña. Pero aunque Cs siempre ha presumido de democracia interna, en las elecciones municipales del 26 de mayo no se eligió ningún candidato mediante elecciones primarias. Una modificación de los estatutos realizada en febrero de 2017 permite a Cs saltarse este proceso en todos los municipios que cuenten con menos de 400 afiliados. Esto excluye de las primarias todas las localidades catalanas excepto Barcelona, y en este caso se escogió como candidato a Manuel Valls desde Madrid.

Por otra parte, las primarias para escoger Lorena Roldán como nueva líder en Cataluña estuvieron, para algunos, condicionadas. A pesar de que se presentaron hasta once candidatos alternativos, varias fuentes lamentan que se dio "poco tiempo" para estructurar una candidatura con posibilidades reales de competir con la oficialista. "El mensaje también está muy controlado", apunta un miembro de Cs que se ha dado de baja: "Cualquier publicación pasa por un control antes de salir a la luz". El debate interno, insisten las fuentes consultadas, es muy limitado.

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