Objetivo: sacar a EH Bildu del juego político de Madrid

La nueva estrategia pactista choca con la derecha estatal, el PNB y una parte del PSOE

Desde que Arnaldo Otegi reconoció en Radio Euskadi que, si nada cambia, EH Bildu está en disposición de sumar sus cinco votos para sacar adelante los presupuestos generales del Estado, la maquinaria para evitarlo no ha parado con un ataque por tierra, mar y aire. La estrategia ha agrupado a socios que en los últimos años habían estado alejados, incluso enfrentados: la derecha española ve una gran oportunidad de golpear al gobierno; el fuego amigo interno del PSOE se añade para desgastar a Sánchez y su alianza con Unidas Podemos, y el PNB aprovecha la oportunidad porque ve en la nueva estrategia de EH Bildu una amenaza para sus intereses. Se recrea casi el mismo núcleo duro, contra los catalanes de Pujol, que sumó fuerzas en la muerte de Franco para hacer la reforma.

Como ya es un clásico, ha sido el comodín de ETA la herramienta utilizada, a pesar de que ya hace nueve años que se acabó con la violencia, entregó las armas en 2017 y se disolvió un año más tarde. Se han usado muchas  fake news como que EH Bildu es lo mismo que Batasuna o que este mundo nunca ha hecho autocrítica por el daño causado. Incluso Javier Maroto, exalcalde de Vitoria, ha criticado duramente el acuerdo presupuestario, cuando él se vantava de sus pactos con la izquierda abertzale. La estación de autobuses vitoriana es la prueba de un comportamiento del cual ahora huye con unas grandes dosis de hipocresía.

También ha entrado en la estrategia el Tribunal Supremo, con la Fiscalía reclamando la repetición del juicio del caso Bateragune, a lo que la Audiencia Nacional ya se ha negado dos veces. Y eso que Otegi y sus compañeros ya cumplieron condenas de hasta seis años y medio de prisión. Pero el Tribunal de Estrasburgo consideró que no habían tenido un juicio justo, hecho que obligó al Supremo a anularlo (sin ninguna indemnización para los condenados).

La pugna en Euskadi

La partida también se juega en casa, en Euskadi, y entre los de casa. El PNB está celoso por la influencia cada vez mayor de EH Bildu en el Estado, cosa que amenaza sus intereses de interlocutor único. Y, por si esto no fuera suficiente, a los dirigentes jeltzales también les preocupa la incidencia que pueda tener este giro de timón en la política vasca y en su actual hegemonía. En Sabin Etxea han perdido los nervios y han pasado de despreciar la capacidad del soberanismo de llegar a acuerdos -“Quieren llegar a acuerdos, pero no lo logran”; “Los engañan”- a pedir que se los aparte. Incluso han hablado de una agenda oculta con el gobierno español para intercambiar presupuestos por el acercamiento de presos. Subiendo un peldaño más, Iñaki Anasagasti titulaba este fin de semana un artículo de opinión de este modo: “La obsesión de ETA y Bildu es ser interlocutores solitarios”. Sí, de ETA.

La cuestión también tiene una clara derivada ideológica, de izquierdas y derechas. El presidente del PNB, Andoni Ortuzar, reclamaba a Sánchez hace unos días que dé “un puñetazo en la mesa del consejo de ministros” porque “así no se puede continuar”. Se refería a Unidas Podemos y su impulso de crear alianzas con EH Bildu y ERC, incluso presentando iniciativas al margen del gobierno, como la que tiene que ver con los desahucios. De entrada, el PNB y Ciudadanos han coincidido en reclamar (y conseguir) suprimir el impuesto al diésel en los presupuestos, y así han mostrado que pueden ser la alternativa al independentismo de izquierdas vasco y catalán para la gobernabilidad. En Euskadi, Carlos Iturgaiz, que no pasa por ser uno de los moderados del PP, ya habla abiertamente de un “inicio de deshielo” con los jeltzales.

Todo este ruido está evitando que se reflexione sobre el porqué y adónde lleva el profundo cambio de estrategia de la izquierda abertzale, hegemónica en EH Bildu, incluidas sus contradicciones. Han pasado de la idea de ir a Madrid “a tumbar el régimen”, como defiende Arkaitz Rodríguez, secretario general de Sortu, a participar en su gobernabilidad. Este cambio sigue un itinerario y, por otro lado, es compartido por las bases de las formaciones que se integran en Bildu. Un ejercicio de transparencia cuando hay muchos emperrados a sacarte de la partida.

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