CRISIS DESPUÉS DEL 28-A

Así fracasó la operación Iceta

El contexto electoral del 26-M condiciona un debate en el que JxCat y ERC acaban optando por el no

A. MOLDES / M. TORO / N. ORRIOLS / D.S. UGART

“He aceptado la propuesta de Pedro Sánchez de presidir el Senado y habría que agilizar la sustitución de José Montilla como senador”. La frase, pronunciada por Miquel Iceta el miércoles de la semana pasada en una reunión improvisada con el presidente del Parlament, marcó el inicio de la primera gran crisis de confianza entre el PSC y ERC desde el 28-A, en plena campaña de las municipales y las europeas. Roger Torrent se comprometió a no bloquear la convocatoria del pleno, pero advirtió de que la sustitución debería estar avalada por la mayoría de la cámara. La misma advertencia que Iceta acababa de hacer por teléfono al presidente español.

¿Qué gana el independentismo vetando a Iceta?

Al primer secretario del PSC sólo le dio tiempo de avisar a Torrent; 10 minutos después, al presidente de la Generalitat, Quim Torra, y finalmente, a los diputados socialistas reunidos de urgencia en su despacho. A las 13.48 h saltaba una última hora en El País: “Sánchez escoge a Iceta para presidir el Senado como un gesto hacia Cataluña”. La información descolocó a Iceta y a la portavoz socialista, Eva Granados, que esperaban tener más tiempo antes de que saltara la liebre para empezar la ronda de llamadas. La primera, al presidente del grupo republicano, Sergi Sabrià. Recibido. Todo el mundo se fue a comer antes de que estallara la tormenta, a media tarde, en los pasillos del Parlamento.

“Así no se hacen las cosas. No podemos supeditar las instituciones catalanas a las decisiones sobre las sillas del PSOE”, salía a decir Sabrià. ERC anunciaba que no votaría a favor de Iceta y hacía saltar las alarmas en el PSC. Granados, que debía asistir a la ejecutiva del partido convocada de urgencia para abordar el nuevo destino de Iceta, volvía al Parlamento para reunirse con el dirigente republicano y este le comunicaba lo que había dicho en público, ante los reproches de la portavoz socialista.

Comida con Montilla

José Montilla no quería dejar de ser senador, pero en ningún momento fue un obstáculo. Al mediodía, el expresidente de la Generalitat comió con Iceta con la convicción de que al día siguiente se habría completado el relevo. De hecho, no tardó en enviar su carta de renuncia al Parlamento, y, tal como se había comprometido por la mañana, Torrent convocó con urgencia la mesa y la junta de portavoces para empezar a tramitar la sustitución.

El Parlament rechaza la designación de Iceta e impide que pueda presidir el Senado

A Iceta ya le habían comunicado la posición de Esquerra, pero todavía había el flanco abierto de JxCat. Aquella misma tarde el líder socialista se reunió con Laura Borràs, Albert Batet y Josep Lluís Cleries en su despacho de la cámara catalana. A diferencia de Esquerra, los posconvergentes se mostraron predispuestos a negociar contrapartidas a cambio de no bloquear la designación del senador del PSC. JxCat iba con la idea de obtener el compromiso del PSOE de facilitarles el grupo parlamentario en el Congreso —aunque no cumplen los requisitos establecidos en el reglamento de la cámara baja española—. Iceta se negó a negociar contrapartidas. “No mercadearemos”, mantuvo desde el inicio.

A pesar de las dudas que ofrecía la votación en aquellos momentos, los socialistas defendieron que se hiciera al día siguiente. Después de escuchar a los portavoces, sin embargo, Torrent prefirió convocar el pleno a la semana siguiente, una acción que acabó resultando decisiva para que tanto ERC como JxCat acabaran optando por rechazar la candidatura de Miquel Iceta. Aquel primer día, de hecho, muchos eran partidarios de la abstención —especialmente en JxCat—, pero las declaraciones de Iceta los días posteriores —y la reacción en las redes— acabaron de decantar la balanza. “Podíamos optar por la abstención hasta que oímos a Iceta defender el 155”, apuntan fuentes de ERC.

El papel del grupo republicano en Madrid fue poco más que anecdótico. “No podía ser de otra forma”, explican desde el partido. El portavoz republicano en el Congreso, Gabriel Rufián, habló de ello con su homóloga socialista, Adriana Lastra, junto con otros temas a afrontar en el inicio de la nueva legislatura en las Cortes españolas. “La decisión se tomará en Cataluña”, le comunicó Rufián. Al inicio de esta semana todavía no había una decisión firme de los republicanos, que acabaron abrazando el no en la reunión de la dirección del martes. El miércoles, ya con todos los diputados, ratificaron el veto de forma unánime.

En público, Sabrià se negó a participar en un “acto electoral” a favor de Iceta. En privado, los republicanos no estaban dispuestos a dejar que el movimiento de Pedro Sánchez los perjudicara en las urnas el 26 de mayo. Y, sin contrapartidas a negociar, JxCat se vio arrastrado a tomar la misma decisión que Esquerra, aunque hubo debate hasta el último día, con los presos a favor de la abstención.

Un ‘win-win’ para Sánchez

A pesar de las gesticulaciones de puertas afuera, para Sánchez, la proposición de Iceta como presidente del Senado sin el acuerdo previo del independentismo era una situación de win-win, según la define un colaborador próximo del presidente español en funciones. Un acuerdo para el nombramiento habría transmitido en plena campaña electoral la imagen del diálogo que el PSOE quiere explotar ante la intransigencia del PP y Ciudadanos, mientras que un no, como el que se produjo ayer finalmente, dejaba sin argumentos a la oposición de derechas, que desde el minuto uno vendió la propuesta de Iceta como una concesión más al independentismo.

La votación en el Parlament ha permitido a Sánchez volver a poner en el mismo saco a los independentistas, a Pablo Casado y a Albert Rivera, que ayer encontraron dificultades para mantener la coherencia en el discurso que propugnan desde la llegada del PSOE a la Moncloa con una moción de censura de la mano de ERC y el PDECat. Fuentes republicanas, por su parte, abonaron la tesis de que la propuesta del presidente español fue táctica, consciente de que cualquiera de los resultados le beneficiaba de una forma u otra, y que “en realidad no quería que Iceta fuera nombrado”. Las mismas fuentes equiparaban la situación con los presupuestos, y desataron la negativa a la designación del resto de negociaciones que deberán llevar a cabo con el PSOE: la composición de la mesa y la investidura.

E Iceta, que no será el presidente del Senado, refuerza su liderazgo en Cataluña de cara a unas hipotéticas elecciones anticipadas que los socialistas cuentan que podrían llegar en los próximos meses.

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